Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2014

Crimen perfecto

Imagen
-------------------------------- CRIMEN PERFECTO--------------------------------



La crónica que paso a relatar no es más que otra prueba de que nadie está a salvo de esa jodida yonqui del humor negro que es la vida. Acaeció la noche en que decliné salir de copas con mis compañeros. La jornada había transcurrido entre los juzgados, la comisaría y el anatómico forense —en éste último tuve que soportar, con una sonrisa, las miradas lascivas del tipo de la morgue —. Por ese motivo, mi única obsesión después del trabajo consistió en volver a casa y darme una ducha caliente antes de acostarme. Lejos de alcanzar mi meta, decidí atajar por un pasaje cuyo bullicio procedía del inaudito número de baretos apiñados a diestra y siniestra. Crucé a paso ligero; antes de alcanzar la calle Mercaderías algo se aferró a mi cuello y me hizo retroceder hasta una caverna; de nada me serviría enarbolar mis «derechos humanos», el estilete que destellaba ante mis ojos me lo dejó bie

La pesadilla de Pinsapo

Imagen
En las noches de tormenta, cuando la luz se extingue en las lámparas y todos los televisores permanecen ciegos y mudos, el abuelo Florián enciende la pipa de barro y da comienzo a una de sus increíbles historias. En esta ocasión mis hermanos, hermanas y yo íbamos a vivir: La pesadilla de Pinsapo
»Pinsapo era un niño como vosotros —comenzó el abuelo—. Ni muy alto ni muy bajo; ni muy ancho ni muy estrecho; ni moreno, ni rubio, ni pelirrojo…
—¡Caramba, abuelo! —interrumpió Sabina—. Si no era ni una cosa ni otra… entonces, no era como nosotros.
»¡Ay! —suspiró el abuelo—.Querida mía, Pinsapo no era ni más ni menos que un chico como todos.
—Pero abu’,no es posible que fuera como TODOS, porque cada uno de nosotros es diferente a los demásobjetó Cedro.
»Pues lo que yo decía, ¡como todos!
—¡Vaya lío, abuelo Florián! —se enfurruñó Teca.
»¿Queréis que siga o no? —preguntó el abuelo humeante.
—¡Sigue, sigue! —gritamos todos a un tiempo.
»Bien… por dónde iba… ¡Ah, sí!
Pinsapo, que era un niño como todos…

¡Qué vida más pulpa!

Imagen
Había una vez un bichejo resbaloso que vivía en “L’Ancha Mar”. Al principio arrastraba un pesado caparazón en la que se refugiaba cuando había peligro. Luego, viendo lo bien que se lo pasaban los delfines, decidió que era hora de ser valiente, abandonar su armadura y vivir a la aventura.
Cuando nadaba por “L’Ancha Mar”, el resto de bichitos marinos se quedaban pasmados.
—Con ese cabezón debe tener una boca muy grande… —gimió un berberecho.
—Y con tantas patas —balbuceó un gambusino— podría atrapar a muchas presas a la vez.
Peor, incluso, era cuando decidía abandonar el lecho marino y levantaba el vuelo cerca de la superficie:
—¡Es un fantasma!
—¡No! ¡Es un extraterrestre!
—¡Os equivocáis! ¡Es un globo aerostático!

«¡¡¿Un quééé?!!»
Un día, Pulposete —que es así como se llama nuestro bichejo— decidió que estaba cansado de nadar de un lado a otro. Añoraba su antigua vida de “molusco-acorazado” y decidió buscar un lugar donde instalarse. Así fue como encontró una espaciosa cueva a los pies de un …

Papirola Corazón de Dragona

Imagen
Papirola no tiene frío ni calor; no tiene hambre ni sed; no tiene sueño, ni sueños; Papirola sólo tiene en sus bolsillos un puñado de miedos redondos: Al agua, que la puede deshacer. Al fuego, que la puede calcinar. Al barro, que la puede acartonar. Al viento, que la puede arrugar. Al cúter, que la puede desgarrar. Al tintero, que la pude manchar. A la piedra, que la puede aprisionar. Al pescadito de plata, que la puede devorar. Al olvido, que la puede emborronar.