Crimen perfecto


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CRIMEN PERFECTO

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La crónica que paso a relatar no es más que otra prueba de que nadie está a salvo de esa jodida yonqui del humor negro que es la vida.
Acaeció la noche en que decliné salir de copas con mis compañeros. La jornada había transcurrido entre los juzgados, la comisaría y el anatómico forense —en éste último tuve que soportar, con una sonrisa, las miradas lascivas del tipo de la morgue —. Por ese motivo, mi única obsesión después del trabajo consistió en volver a casa y darme una ducha caliente antes de acostarme. Lejos de alcanzar mi meta, decidí atajar por un pasaje cuyo bullicio procedía del inaudito número de baretos apiñados a diestra y siniestra. Crucé a paso ligero; antes de alcanzar la calle Mercaderías algo se aferró a mi cuello y me hizo retroceder hasta una caverna; de nada me serviría enarbolar mis «derechos humanos», el estilete que destellaba ante mis ojos me lo dejó bien clarito. Me había topado con un depredador, uno de esos que en el periódico retratábamos como «los antropófagos de la era moderna». La situación era grave y pensé rápidamente en mis opciones: «Apechugo y me dejo espachurrar o me zafo de las fauces de este zafio zurullo». No puedo evitar que me salte la vena cómica en los momentos críticos… En todos…
A la mañana siguiente me desperté en la cama. Me había acostado vestida y mis ropas hedían a sangre resacosa. Poco a poco volví en mí; recordé. Durante el primer campamento, uno de los monitores empezó a portarse mal con las niñas. Mi madre, no sólo me había prevenido sobre estos depravados, sino que además se había asegurado de que «su princesita» adquiriera los medios básicos para tajar de raíz... Siempre llevo a mano una pieza tan fútil que se sorprenderían ustedes de lo mortalmente eficaz que resulta cuando sabes usarla.
Tras un proceso tedioso, la justicia me absolvió por considerar que me hallaba en estado de chifladura pasajera en el momento del ataque y que liquidé al cabrón en legítima defensa, ya que una vieja llave desportillada no es el último grito en armas letales. (Sentencia parafraseada).
Esta es la crónica completa de mi acto de supervivencia. La narración de mis colegas en los informativos de la tarde fue más encaminado a denunciar «el crecimiento de la criminalidad y la vulnerabilidad de algunos sectores de la población»; a computar «casos similares y las probabilidades de salir incólume…» de tal envite; a celebrar el valor de una servidora o a enaltecer «la feliz intervención divina... A Dios gracias» todo depende del grosor novelesco de la línea editorial.
En cuanto al paradero del monitor… El secreto ha quedado silenciado en el panteón de la familia García.
 

Comentarios

  1. El cuento parece una advertencia a las chicas sobre los peligros de los hombres cuando, en realidad, cualquier ser humano puede empuñar una navaja en un callejón oscuro. El lenguaje me chirría, demasiado rebuscado. Lo de la llave es ingenioso.

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Es una fábula que pretende desmentir esos clichés que nos alejan siempre de la realidad. Y la realidad no es tan simple ni tan fácil de clasificar como desearíamos; no se debe echar mano de la poesía y despreciar el raciocinio cuando es necesario evaluar un problema real.
      En cuanto al lenguaje, lo cierto es que me preocupé más por el lenguaje coloquial que por el formal; el objetivo era intentar ponerme en el lugar de una escritora profesional de los medios de comunicación y lanzarme a describir esta barbarie.
      El ingenio de la llave radica, precisamente, en que es imaginación en estado puro.

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