La pesadilla de Pinsapo








En las noches de tormenta, cuando la luz se extingue en las lámparas y todos los televisores permanecen ciegos y mudos, el abuelo Florián enciende la pipa de barro y da comienzo a una de sus increíbles historias.
En esta ocasión mis hermanos, hermanas y yo íbamos a vivir:
La pesadilla de Pinsapo

»Pinsapo era un niño como vosotros —comenzó el abuelo—. Ni muy alto ni muy bajo; ni muy ancho ni muy estrecho; ni moreno, ni rubio, ni pelirrojo…

¡Caramba, abuelo! —interrumpió Sabina—. Si no era ni una cosa ni otra… entonces, no era como nosotros.

»¡Ay! —suspiró el abuelo—.Querida mía, Pinsapo no era ni más ni menos que un chico como todos.

Pero abu’, no es posible que fuera como TODOS, porque cada uno de nosotros es diferente a los demásobjetó Cedro.

»Pues lo que yo decía, ¡como todos!

¡Vaya lío, abuelo Florián! —se enfurruñó Teca.

»¿Queréis que siga o no? —preguntó el abuelo humeante.

¡Sigue, sigue! —gritamos todos a un tiempo.

»Bien… por dónde iba… ¡Ah, sí!

Pinsapo, que era un niño como todos los niños, tenía un postre favorito, una colección de anzuelos, un sapo verrugoso, un secreto escondido y un tablero de ajedrez. Y como todos los niños, sentía la necesidad de competir con todo el mundo para probarse a sí mismo.

El caso es que Pinsapo era el capitán del equipo de ajedrez de su escuela, El Sotobosque, y aunque llevaba muy mal lo de perder una competición regional, peor era cuando alguien de su equipo conseguía hacerle sombra. Por esta razón, curso tras curso, Pinsapo preparaba una asechanza para impedir que Taray entrara en ¡SU equipo de ajedrez! Bien sabía Pinsapo, que Taray era uno de los mejores ajedrecistas de la región; así pues, el Capitán del Equipo de Ajedrez hizo siempre lo imposible por ocultar ese envidiable don a toda la escuela.

¡Qué injusto! —Me indigné— ¿¡Por qué Taray no se rebeló?!

»Porque Pinsapo tuvo la astucia de ganarse la confianza de Taray; se ofreció a entrenarle y le prometió que haría lo posible para que el equipo lo admitiera. Taray nunca sospechó que las intenciones de su amigo se habían gestado en la cloaca de los celos; el ingenuo se tragó sus embustes y continuó esforzándose por mejorar su «deficiente juego» para ganarse un puesto entre de los miembros del equipo.

¡Parece una historia real! —Exclamó el pequeño Arce.

»Es que lo es —afirmó el abuelo dibujando aros de humo.

Todos nosotros nos removimos en nuestros cojines, cerramos la boca con cremalleras de aire y abrimos, de par en par, los ojos y las orejas.

»Pinsapo se levantó una mañana muy contento: Acababa de añadir a su colección un anzuelo de cuatro cabezas; SU equipo, había ganado su vigésimo campeonato consecutivo; y, por fin, había conseguido que Araucaria —la última partidaria de Taray— odiara a su rival, «el genio ignoto». Por tanto, él, seguía siendo el Rey del Ajedrez… y de los anzuelos.

Muy lejos estaba su ánimo de prever las espinas que la suerte le tenía deparadas.

Después de desayunar cogió su cartera y salió silbando de casa. Como se le habían pegado un poco las sábanas, y ya tenía una falta por retraso, decidió atajar por el Bosque de los Abetos. Iba muy alegre y confiado cuando, ¡de pronto!, vio a un ser nauseabundo deslizándose sobre los despojos de un abeto seco.

«—Buenos días, sabio caballero —dijo la cosa».

Pinsapo, recuperado de la impresión, templó los nervios y se enfrentó al espeluznante miedo:

«—¿Quién eres?» —preguntó con voz grave.

«—Soy Orco, dios del Inframundo. Puedes llamarme Muerte, si lo prefieres».

Ante aquella respuesta, Pinsapo comenzó a temblequear.

«¿Qué podrá querer la Muerte de un brillante chico como yo?» —Se preguntó aterrado.

Orco sonrió complacido por la reacción del petulante zagal; ello provocó en el desventurado Pinsapo, una nueva tanda de temblores y tembleques.

«—No temas, bravo guerrero. Tu fama como ajedrecista ha llegado hasta el Inframundo. ¿Sabes?..., allí nos aburrimos mortalmente, por eso jugamos mucho al ajedrez, el juego de los Reyes. Sin embargo, como estamos cansados de competir entre nosotros, hemos decidido invitar a Maestros y Maestras ajedrecistas a nuestro Campeonato de los Dioses, así será más emocionante».

Las palabras “Maestros ajedrecistas” y “Campeonato de los Dioses” marcaron a fuego el ego de Pinsapo. Pero, no era tan estúpido como para seguir a la muerte sin antes asegurarse el regreso a casa y… conocer la naturaleza del premio. Así se lo hizo saber a Orco.

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 Ruego que, si os interesa leerlo, descarguéis el libro en iTunes. No he autorizado que se distribuya por ningún otro medio que no sea este. Gracias por respetar mi trabajo.

 

Comentarios

  1. Hasta el momento, el relato que más me ha gustado de tu colección de cuentos para niños. Debe de ser porque la historia tiene un elemento sobrenatural y el ajedrez me encanta. Me chirría alguna palabra, como por ejemplo "asechanza", pues creo que adaptar el lenguaje es uno de los retos de la literatura infantil. Ojo, no digo que no acudan al diccionario. Enhorabuena y a seguir escribiendo.

    Un abrazo.

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    1. Cuando escribí estos cuentos (allá por mi edad de piedra), tenía como objetivo introducirlos dentro del currículo de lengua castellana, de ahí esos "palabrotes". En cualquier caso, he comprobado que si el lector infantil lo es por propia voluntad, no duda en preguntar, y que cada vez es más urgente formar jóvenes que sepan manejar su lengua materna; creo que la literatura cumple con el objetivo de entrenar "emisores-receptores" hábiles en el uso de la inteligencia verbal y la inteligencia emocional.

      Como dijo un escritor: "Una imagen vale más que mil palabras, pero una experiencia vale más que mil imágenes". Convirtamos la literatura en experiencia para todo el mundo comprenda la palabra "utopía".

      Además, Jose, ya sabes que soy un despieste de bohemia.

      Gracias. Tu punto de vista y tus aportaciones siempre son y serán bienvenidas.

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  2. Espectacular, Esther. Estoy deseando que lo lea mi hijo y lo disfrute como yo.

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    1. Me alegra mucho de que te guste, y más, que lo compartas con tu hijo; la confianza de un padre o una madre es un tesoro de incalculable valor.

      Si el tiempo y las circunstancias me lo permiten, quiero reunir éste y otros cuentos para publicarlos juntos, tanto en Amazon como en iBook Store ;-)

      Un abrazo y gracias por tu confianza.

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