Malasombra








No existe mayor necedad que ver, únicamente, lo que nos señalan que veamos.

ADNATA

«Es más soportable la ausencia que la indiferencia». Esto es lo primero que pensó la sombra aquella mañana de principios de verano.
Había pasado un año desde que las excavadoras asaltaran la Cala del Ermitaño con el propósito de erigir La Parranda, hotel cinco estrellas. Sin embargo, cuando ya habían levantado un par de pisos, máquinas y personas se esfumaron sin dejar rastro. No es que a la sombra le importara mucho; lo que no comprendía era por qué se habían marchado sin recoger su basura.
La sombra decidió que permanecer allí era inútil; determinó abandonar la Cala del Ermitaño y viajar por todo el mundo.
Al atardecer de ese mismo día, se deslizó por el suelo rompiendo su vínculo con aquel esqueleto pétreo y se encaminó al pueblo más cercano, Villa Cangrejo.
Las estrechas calles de la villa permanecían desiertas. No muy lejos, las risas y la música evidenciaban un gran festejo. En el centro de la plaza Mayor crepitaba una hoguera, sus llamas fluctuaban ante el ritmo frenético de la danza que se desarrollaba entre humanos y sombras. La sombra recorrió la plaza hipnotizada y se sumó al frenesí; a media noche, los aldeanos desplegaron un gran lienzo sobre una tarima.
>>Tarí, taríí…
El toque de corneta anunció al público la llegada de unos siniestros corceles...
Durante la representación, la sombra permaneció inmóvil, alerta; como si la acción que el lienzo proyectaba fuera real. Nunca imaginó que en el mundo existiese un grupo de sombras tan diestras en el arte de la pantomima.
Terminada la obra, la sombra se propuso conocer a las artistas del lienzo. 

 

EL NOMBRE DE LA SOMBRA

Esperó a que recogieran la sábana y se acercó sigilosamente a la tarima. De haber tenido corazón, éste habría saltado descontrolado en su pecho, aunque no cabía preocuparse, pues también carecía de cuerpo. Encontró a las artistas del lienzo congregadas bajo el escenario. Cuando vieron aparecer a la sombra se quedaron en silencio. La más grande de todas ellas se  le acercó y se presentó como Saucellorón, director de la Compañía de Teatro Sombras Chinescas. Le dio la bienvenida y la invitó a reunirse con ellas.
Pasaron las horas y el amanecer las sorprendió haciendo lo que más les gusta a las sombras: jugar. Saucellorón invitó a la sombra a unirse a la compañía teatral y de esa manera la sombra de una ruina se convirtió en artista del lienzo. Sin embargo, las cosas no iban a salir como esperaba; durante el primer ensayo, la sombra descubrió que su habilidad como contorsionista era muy limitada; desalentada, se apartó del grupo. Garzaplateada, la sombra milenaria de la compañía, la encontró bajo un sicomoro.
—No te aflijas —le dijo con voz pausada—. En este mundo de luces y sombras, cada una posee un talento, su talento, que deberá descubrir o dejarlo perder...
—¡¿Y cuál es el mío si se puede saber?! —gruñó exasperada.
—Una vez conocí a una sombra  continuó la milenaria sin inmutarse. Su amo era un investigador de almas; usaba manchas de tinta para destripar la mente de  sus pacientes… Huumm…
La sombra tuvo que aguardar, muerta de curiosidad, a que la sabia Garzaplateada despertara de su ensimismamiento.
—…Huumm… He observado tus contorsiones y las formas que consigues me recuerdan mucho a esos manchurrones… Huumm…
Volvió a reinar el silencio. La sombra casi se borra de impaciencia al comprobar que la vieja se había vuelto a dormir.
—Por eso —despertó de sopetón—, creo que tú podrías aprovechar ese talento para hacer un número individual.
—No te comprendo Garzaplateada —dijo la sombra confundida.
—Pues es muy simple, hijita —le reconvino la anciana—. Se trataría de proponer un juego a nuestro público: “Dime qué ves y sabrás quién eres”.
La sombra puso multitud de objeciones. En su opinión, los humanos no eran más que cascarones vacíos que no merecían las sombras que pisaban.
Garzaplateada no estuvo de acuerdo:
—No existen “personas vacías”, querida, sino “territorios inexplorados” —sonrió satisfecha la anciana.
La joven sombra no supo cómo encajar aquel comentario.
Esa noche actuó por primera vez en solitario:
«La pantalla quedó muda; una voz oculta anunció el nuevo número. Nadie aplaudió. En el silencio de la plaza apareció una sombra difusa que en un santiamén se transformó en una mancha nítida. Al principio todos callaron desconcertados, pero de entre la chavalería se alzó una voz que gritó:  «¡Eso es un búfalo!». El juego había comenzado y el entusiasmo del público fue en aumento, hasta que la noche se cerró con un estrepitoso aplauso».
Al final de la función, las artistas del lienzo se reunieron para felicitarse por su éxito.
—¡Y el número final les ha encantado! —exclamó Puertadeoriente.
—Sí. Opino que ya va siendo hora de nombrar a la sombra —anunció solemnemente Saucellorón.
—¿Qué os parece PsiqueTinta? —intervino Garzaplateada—. En honor a su reconocido talento.
Como la sombra se mostró reacia, Cubodebasura propuso un nombre que, según sus propias palabras, «se ciñe más a la importancia de su extraordinario talento»: 
—¡Llamémosla Sacamocos!




EL LADO OSCURO DE LA SOMBRA



  PsiqueTinta reemprendió su viaje un año después de ingresar en la compañía de Sombras Chinescas; aunque disfrutaba de los aplausos del público, sentía comezón al pensar en lo que el destino reservaba para ella.
La casualidad la condujo hasta una pradera donde se celebraba el Tiempo de Penumbra, momento en el que todas las sombras se reúnen para celebrar su aparición en el planeta. Esto sucedió durante el primer eclipse solar, cuando el día y la noche, eternos antagonistas,  pactaron una tregua.
PsiqueTinta conocería, por fin, la legendaria celebración. Sin duda supo sacarle partido al acontecimiento. Acudieron a la conmemoración sombras procedentes de una infinidad de cuerpos opacos; pero, claro está, ninguna humanoide, ya que tienen terminantemente prohibido desligarse de sus amos humanos. Todas ellas participaron con fervor en los ritos atávicos del Tiempo de Penumbra y retornaron a sus quehaceres antes del nuevo amanecer.
De vuelta a la rutina, PsiqueTinta vadeó ríos y cruzó montañas  sin más compañía que ella misma. Un atardecer se cruzó con lo que parecía una sombra blanca.
¿Quién eres?preguntó asombrada.
Soy la spectrosombra de un  hombre solitario.

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Ruego que, si os interesa leerlo, descarguéis el libro en iTunes. No he autorizado que se distribuya por ningún otro medio que no sea este. Gracias por respetar mi trabajo.

Comentarios

  1. La semana que viene os dejaré disfrutar de la segunda aventura del agente secreto Bo-Niatus; de momento os dejo a "Malasombra".

    ¡Ojo!

    Nunca os fiéis de vuestra sombra, son unas maestras del susto..., ¡que os lo digo yo!

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  2. Esther, esta sucesión de acontecimientos me han dejado asombrada con su brillo.
    Compañera, eres una fuente inagotable de sorpresas. Enhorabuena.
    Un abrazo.

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    1. Gracias. Todavía tengo mucho que aprender, pero no hay prisa, como dice la filosofía budista: más que la meta, lo importante es el camino... Y si añadimos un "carpe diem", tenemos el cóctel perfecto para acabar cazando mariposas, que siempre son más bonitas que las moscas.

      Un abrazote, Alicia.

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  3. Entrar en tu mundo, Esther, es un privilegio y un asombro. Cómo me has recordado los escenarios de El libro del cementerio, de Neil Gaiman. Desde luego, imaginación no te falta.
    La historia está muy bien escrita. Opino que es una especie de alegoría sobre el triunfo de la picardía sobre la inocencia. Noto en Malasombra ecos de alguien que ha averiguado que las chicas malas llegan a cualquier parte.

    Un abrazo.

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    1. Me encanta Neil Gaiman, aunque la inspiración de "Malasombra" procede de Adelbert von Chamisso y su novela "La extraña historia de Peter Schlemihl" (1814).

      No es la "esperanza" lo que quedó atrapada en la caja de Pandora, sino la "imaginación". La esperanza, por sí sola, no es más que un avión de papel sin rumbo ni motor.
      Supongo que no puedo evitar una pizca de cinismo en cada uno de mis cuentos: muerta la ingenuidad, es lo que queda.

      Abrazotes.

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  4. Una historia asombrosa, muy bien contada y con una imaginación desbordante. Me encantan los nombres que les pones a tus personajes!
    Un beso

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    1. A veces, las mejores historias son las que se escriben solas -sin más esfuerzo que el de buscar nombres atrayentes a los personajes- porque, de hecho, son los personajes quienes empuñan la pluma para contar su versión de la historia.

      Una abrazo.

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  5. ¡Oh, oh, Esther! Me has dejado patidifusa asombreadamente, con vivo asombro ante tu imaginación hasta concluir esta verifábula. Hora buena para tu sombra.
    Besos y abrazos.

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    1. Es todo un elogio viniendo de ti, Rosa del Aire, sé que tienes buen criterio, además de buena pluma. Espero poder seguir asombrándote. Yo, por mi parte, seguiré disfrutando de tus blogs, tan dispares como interesantes.

      Un abrazote.

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