Guardabosques




Haré de la paz mi hogar, y del amor, mi única patria






EL viejo Ceferino siguió plantando árboles hasta el último de sus días. Sólo sus tataranietos comprendieron la valía de su herencia.


Comentarios

  1. El amor por la naturaleza que tan bien retratas en este micro no es moco de pavo ni para tomárselo a broma. De él dependemos para subsistir en un mundo cada vez más asfaltado. Los profesores estamos un poco acostumbrados a esto: sólo valorarán nuestro empeño las generaciones futuras.

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. SIn duda le has dado una vuelta de tuerca a un microrrelato aparentemente simple. No sólo nos hemos convertido en alienígenas en nuestro propio planeta, también nos hemos acostumbrado a menospreciar todo lo que no tenga una consecuencia inmediata.
      Siempre he dicho que educar consiste en plantar semillas: al igual que los agricultores, nuestra cosecha depende de muchas variables, a diferencia de ellos, nosotros no disfrutamos de los frutos _al menos los que no somos antropófagos.

      Un abrazote.

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    2. Hay herencias que no están escritas nada más que en el alma de quienes dejan el legado y en los que saben apreciar su valor a tiempo.
      Esther, con poco a veces se hace o dice mucho.

      Un abrazo.

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    3. A menudo ensalzamos las grandes acciones y olvidamos que son las pequeñas las que nos hacen avanzar como civilización y como individuos.

      Un abrazote, Alicia.

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