Australia





Ellas habitaban los manantiales que nutrían aquella gran isla: diosas de mejillas ardientes y tacto de plata que fertilizaban la tierra con sus armonías. Pero igual que el día cede su trono a la noche, la infame disonancia acabó germinando en sus bocas y, como fruto del caos, arribaron al paraíso los primeros colonizadores.
    Los Espíritus Totémicos castigaron a las ninfas transformándolas en aves sin canto, obligadas a vagar por nuestra vasta tierra hasta el fin de los tiempos.



Comentarios

  1. Buena filosofía, Esther, menos cuando las mentiras las dicen los políticos, unen dos y se reproducen.
    Quizás en busca de la ninfa se fue el periquito que deseaba ser libre. Australia, si uno quiere, no queda tan lejos.

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Las únicas mentiras que merecen respirar son las que nos dan alas tan grandes y fuertes que nos elevan sobre un mundo demasiado humano.
      La perspectiva es, a fin de cuentas, lo que diferencia al cautivo del libre, al noble del infame, al feliz del desdichado.

      Un abrazote.

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