De paso



 


Le cubrían la cara unas grandes gafas oscuras, y su cabello no era más que un ceñido pañuelo de estampado indescifrable; aunque no hubiese oído el lamento, sé que el dolor cautivo acaba siempre por burlar los muros de cualquier antifaz; los torpes intentos de su compañero por mitigar, el ya desbordado llanto, daban a la escena un aire de patética impotencia. Pasé… Y avancé, porque la discreción era el único tributo que podía ofrecer a la doliente heroína del banco.
Pasar, avanzar y descansar bajo una arboleda colonizada por gorriones pendencieros, mirlos cascarrabias y chirriantes gafarrones; después, retomar la vida aprehendiendo que todos los sufrimientos humanos se manifiestan con el primer grito del neonato; todas las alegrías, en nuestra primera sonrisa, y que —pase lo que pase y cuando pase—, cada ser vivo tendrá el privilegio de protagonizar su final «por siempre feliz».




Comentarios

  1. Con el tejuelo "A vuelapluma" abro otro vericueto en Verifábulas.
    Aquí encontraréis historias sin principio ni fin, porque no son más que historias pescadas a trote de podenquete testarudo; unos retazos cuyos hilos se anudan a mis sentidos para desenterrar reflexiones a vuelapluma.

    No son aforismos (la verdad, no soy tan sabia para ser tan vieja), en todo caso, los calificaría de ataques catárticos...

    ¡Quien avisa no es traidora!

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  2. Cuando vemos el dolor en los demás, empezamos a ser conscientes de que, algún día, nos ocurrirá a nosotros. Como decía la canción de una conocida serie, la vida es así. Por eso la existencia merece ser vivida e imaginada sin tapujos, con desparpajo y echando el resto.

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Nada mejor para afrontar la vida, como bien apuntas, que rodearte de la mejor compañía.
      Tampoco viene mal sentarte sobre la caja de Pandora, sobre todo, en tiempos en los que se eructan palabras huecas que deprimen hasta a la propia esperanza.

      Abrazotes.

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