¡MARIMANDÓN!








Nunca estuvo dotado de una fortaleza singular —de hecho, parecía un guiñapo comparado con el amigo Gastón— no obstante, lo que poseía, sin la menor duda, era esa enérgica astucia inherente a los mandamases. En cuanto traspasaba la cancela, todos permanecíamos inmóviles, atentos al gesto revelador del orden del día. Ese «fundido en negro» nos marcaba el ánimo para acatar su criterio, un régimen impuesto sin paliativos: nadie osaba mear fuera del tiesto; la complicidad, las desavenencias, los traspiés, tenían un solo correctivo: la humillación pública.



Una tarde, la señorita Dolly se amotinó. La situación pintaba mal, francamente mal. Don Marimandón se encaró a la joven y todo acabó en un pispás. Desde entonces, Miss Dolly es la nueva jefa.


¡En fin! Tanto da ser mangoneados por un chucho «empajaritado» que serlo por una terrier de dos años: «mismo perro con distinto collar».
La vida continúa como siempre en la manada: mis amos me protegen, me alimentan y siguen liberándome en el «Parque de perros» para que nunca olvide quién lleva la correa.


Comentarios

  1. Al igual que con los chuchos, en el mundo de las personas hay dominantes y sumisos. No sabría decir a cuál de los dos pertenezco, pero, al menos, intento que nadie tome decisiones por mí. En eso y en sacar la basura, algo que odio, consiste ser mayor.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El más individualista de los seres humanos vive bajo los dictados de su propio subconsciente.
      El planeta entero es como un juego de dominó, si cae una pieza, no será la única. ¿En qué medida estamos condicionados por los sucesos pasados, presentes, internos o externos?
      Incluso la libertad tiene precio más IVA.

      Abrazotes.

      Eliminar
  2. Esther, si bien es verdad que el planeta es como un juego de dominó, no olvidemos que el simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo. Acaso en el movimiento de una de esas piezas algún día se encuentre el comienzo de una involución hacia un cambio a mejor de muchas cosas que nos causan angustia el simple hecho de pensar que se producen en el mundo.

    Esther, decirte que siempre es un lujo sumergirse en la inteligencia de tus textos a los que envuelves con una prosa culta, rica, irónica y, por qué no, muy entretenida.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nunca habrá que perder la esperanza, aunque sólo sea por los que vienen detrás de nosotros.
      Tampoco deberemos perder de vista la realidad, para que no se nos cuelen gazapos que impidan ese nuevo comienzo. Coincido en que, a veces, desandar el camino nos lleva a encontrar la solución que necesitamos.

      Gracias a ti por enriquecer mi mundo y el de todas las personas que te rodean.

      Un abrazote.

      Eliminar
  3. Lo que más me disgusta de los "marimandones" es la autosuficiencia de creerse los mejores cuando unos cuantos les ríen las gracias, son una raza que lejos de extinguirse parecen crecer. No permitamos que nos coarten, saltemos la valla.
    Gracias Esther por esta fábula casi verdadera.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los marimandones y marimandonas limitan la creatividad, la iniciativa, zancadillean las acciones de colaboración y cooperación, en resumen: son tóxicos. Ya ves,mucha gente prefiere dejarse llevar por el miedo, acatar la voluntad de uno mientras encomienda su destino a otro.
      Me alegro de que te guste esta verifábula, y como tú bien dices, saltemos cualquier valla que nos impida evolucionar.

      Un abrazo, Rosa del Aire.

      Eliminar

Publicar un comentario