Una cuestión de vida o muerte








Mimún salió a la superficie para saludar al nuevo día.
Era tiempo de cosechar, y también de sembrar, porque nada hay más importante que salvaguardar el equilibrio de Madre.
Timak asomó la cabeza y vio a su amiga correteando entre los rayos solares que el hermano ficus tamizaba antes de que tocaran tierra; sorteó la hojarasca y avisó a Mimún de que la colonia ya se había puesto en marcha: un grupo de exploradoras había localizado el cadáver de un pájaro y debían festejar la renovación de la vida: «un ser, múltiples propósitos».
Lo que las obreras ignoraban era que aquel montón de huesos, carne y plumón estaba corrompido a causa de un cebo mortal, dispersado aposta, para exterminar a todo bicho viviente que tuviera la desdicha de probarlo.

    …Mientras Mimún perece se pregunta cuál será el propósito último de la tribu humana.
FIN

Comentarios

  1. Alguien pensará que la foto de cabecera es un poco macabra. Pues sí, lo es, como la vida misma. Esto es lo que me pasa por asociarme con un fisgón.

    Al hilo de esto, y con independencia de las interpretaciones que pueda tener el texto, la fábula tiene un origen tan cercano como cruel: es cierto que hay personas que se dedican a sembrar los parques con cebos envenenados o rellenos de anzuelos para matar perros y gatos.

    Me pregunto si esos... ¿humanos? saben que además de agredir a la Naturaleza, también ponen en riesgo la vida de los niñ@s pequeños, tan propensos algunos a meterse en la boca cualquier cosa que pillan.

    Por mi parte seguiré de cerca la trufa de mi fisgón y continuaré gritando que la paz es el único camino para vivir, y sobrevivir.

    Hasta pronto.

    ResponderEliminar
  2. Un buen relato para denunciar los actos descabellados de algunos "humanos". Paso por primera vez por tu blog pero desde luego volveré. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Será un placer recibirte, Aida.
      Ayer mismo me volvieron a prevenir sobre los cebos que hay dispersos en algunos parques de Alicante.

      Esta mañana temprano he visto una bandada de aviones cazando insectos sobre las copas de los ficus. Me pregunto cómo ven nuestro mundo estas pequeñas inmigrantes desde su vasto reino de aire...

      Gracias por tus palabras y hasta la vista.

      Eliminar
  3. Siempre me gustaron las fábulas, Esther, porque, en su aparente sencillez, abren una brecha hacia la reflexión. Lo malo es que esta no llegará a esos descerebrados que diseminan, indiscriminadamente, sus actos por muchos rincones de nuestros parques y ciudades. Pero, por lo menos, que no sea porque callemos.

    Buen relato. Ha llegado alto y claro.

    Un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo bueno de las fábulas es que se pueden coser unas a otras hasta formar el mapa del mundo. Lo malo, que cuando miras el mundo desde las nubes, te das cuenta de que ese diminuto y horrible gen, cuyo origen tú nos has revelado, sigue siendo inmune a la sabiduría y la compasión.
      Tal vez un día, antes de la hora once, la humanidad mute. Esa sí sería “la más grande historia jamás contada”.

      Otro gran abrazo para ti, Mari Carmen.

      Eliminar

Publicar un comentario