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Mostrando entradas de noviembre, 2014

Voramar

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Dedicado a Pantagruel, Bizcocho ya todos los gat@s que, en una sola vida, hicieron grandes a los pequeños felinos. Si queréis saber lo que diferencia a un gato callejero de un gato portuario, sólo tenéis que comparar al pirata Barbanegra con la Pantera Rosa. Pues sí. El callejero no es más que un gato consentido que vive a lo hippy; el portuario, en cambio, es un minino feroz que no duda en enfrentarse a la gaviota más bestia por un pescado pasado de frescura.
Todo comenzó en el momento en que Voramar1 decidió levar anclas rumbo a tierra. Tres años sobreviviendo entre las costas más snobs y los puertos más cutres, le habían convertido en un fornido bicho malencarado que lucía sus cicatrices como los galones de un general. Pantagruel —su primer lugarteniente— intentó disuadirlo sin éxito, y es que, cuando un felino que se ha enrolado a bordo de toda clase de buques decide liar el petate, lo lía.
Abandonó Voramar su vida de «lince de mar» sin mirar atrás, dejando a Pantagruel el mando del …

Juego de chinos

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El hombre triste se miró en el cristal tintado, sacó la cartera, extrajo sus últimos cinco euros, se volvió a mirar en el cristal y guardó el billete. Al día siguiente, en la tienda de ultracongelados, volvió a sacarse la cartera para decir adiós a su reserva de capital; abrió el billetero y descubrió que en él habían dos billetes de cinco euros. Atónito, se puso a pensar de dónde podían haber salido: él vivía solo, y nadie en su sano juicio le robaría la cartera para meterle dinero —él nunca lo haría—. Rebobinó su memoria hasta el momento en que se vio reflejado con un billete en la mano y la amargura en el rostro. Entonces, regresó al lugar donde sucedió el prodigio, y el prodigio se repitió. Aquel golpe de suerte resucitó su ansia de cazar a la escurridiza fortuna. Un día tras otro volvía al lugar milagroso, al principio sólo con dinero, luego con objetos de lujo, incluso trató de duplicar a la camarera del restaurante que frecuentaba, pero el experimento no resultó y la mujer se neg…