Juego de chinos






El hombre triste se miró en el cristal tintado, sacó la cartera, extrajo sus últimos cinco euros, se volvió a mirar en el cristal y guardó el billete.
Al día siguiente, en la tienda de ultracongelados, volvió a sacarse la cartera para decir adiós a su reserva de capital; abrió el billetero y descubrió que en él habían dos billetes de cinco euros. Atónito, se puso a pensar de dónde podían haber salido: él vivía solo, y nadie en su sano juicio le robaría la cartera para meterle dinero —él nunca lo haría—. Rebobinó su memoria hasta el momento en que se vio reflejado con un billete en la mano y la amargura en el rostro. Entonces, regresó al lugar donde sucedió el prodigio, y el prodigio se repitió.
Aquel golpe de suerte resucitó su ansia de cazar a la escurridiza fortuna. Un día tras otro volvía al lugar milagroso, al principio sólo con dinero, luego con objetos de lujo, incluso trató de duplicar a la camarera del restaurante que frecuentaba, pero el experimento no resultó y la mujer se negó a volver a dirigirle la palabra.
Así amasó un gran capital, hasta que un día la puerta del edificio de viviendas, que tanta riqueza le había proporcionado, desapareció: ni puerta, ni cristal tintado, ni milagro. Nada.
La urbanización había sido declarada en ruinas por el ayuntamiento de C…; sus habitantes, desahuciados y durmiendo bajo el umbral de pobreza; el hombre triste tuvo que conformarse con ser el hombre más rico del pueblo.
La explicación a este insólito fenómeno la dio un experto, que tras cruzar el mundo de parte a parte, descubrió que la riqueza viaja de un bolsillo a otro, de manera que cuando una persona se enriquece de forma exponencial, muchos otros lo pierden todo. Citando al viejo trotamundos: «La fortuna de uno es la ruina de muchos».

Cuento publicado en el libro de microrrelatos "Pelusillas en el ombligo". Editorial Lastura (2015)


Comentarios

  1. Es una pasada este micro, y lo digo sin exagerar. No solo porque recuerda al mejor Juan José Millás, sino sobre todo porque es cien por cien Ester Planelles. Muchas veces has pecado, y pecas, de excesiva. Sin embargo, este es el mejor ejemplo de imaginación al servicio de la narración, de contar una buena historia. Están presentes, además, muchas de tus características estilísticas. Audaces juegos de palabras: "...durmiendo bajo el umbral de la pobreza". Magnífico sentido del humor. Pero lo mejor de todo, con diferencia, es el final: "...tuvo que conformarse con ser el hombre más rico del pueblo". Qué ironía y qué finura. La moraleja remata la idea de que la felicidad no la da exclusivamente el dinero. Yo me conformo con escribir como tú.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya ves, compañero. A veces, hasta tengo un buen día.
      Me alegro de que lo hayas disfrutado. Si un día encuentro la fórmula del "bien contar", la embotello y nos pillamos una buena curda. No es casualidad que hayamos logrado escribir un buen libro; somos el haz y el envés de la misma página.

      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Qué bueno, Esther. Combinar la inteligencia, la ironía y la buena escritura es complicado, pero tú lo has logrado con este texto. Un relato que, además, es muy visual y con un final… Todavía me duele el cuello de tanto asentir. Menos mal que dios —o quién sea— nos ha dotado de la capacidad de reír, incluso en las circunstancias más difíciles.

    Un abrazo y gracias por la sonrisa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las mejores ideas suelen partir de la observación del mundo, si bien, conviene poner perspectiva por medio para evitar caer en el caos. Supongo que llevamos la tragicomedia en el ADN y por eso seguimos habitando este planeta.

      Gracias a ti por disfrutar de este pequeño cuento.

      Un abrazo.

      Eliminar
  3. Suele ocurrir, Esther, la riqueza se ceba con unos pocos, la pobreza con muchos. Lo malo es que el hombre que tuvo que conformarse con ser el más rico del pueblo quizá no repartió nada. Qué pena, hubiese dejado de estar triste.

    Muy buen texto.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que la mayor y más descarnada paradoja es que a nuestro alcance está todo lo que necesitamos para crecer, sin embargo, nos empeñamos es seguir el camino que marcan otros en lugar de trazar el nuestro.

      De nada sirve 'tener' suerte si con ella no construimos la base de nuestro 'ser', porque las cosas caducan, pero los seres son eternos.

      Un abrazo y gracias.

      Eliminar
  4. Muy bueno. Hay una canción que utiliza muchas frases semejantes a las de tu conclusión, es Another's man word, de Immaculate Fools. Al margen de lo serio, que tiene tema, lo de duplicar a la camarera y la reacción de ésta me ha provocado la risa abierta.
    Voy a buscar el relato de la vida pulpa que me recomendaste (llevo cierto retraso desde el halloween).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias. Debo reconocer que éste me ha salido resultón, y todo con el simple seguimiento de los juegos de mis nanos.
      Buscaré la canción cuando tenga un rato libre; la música reúne lo mejor de todas las artes. Lo cierto es que con este estupendo juego de Halloblogween descubrí a muchos buenos escritores, es una lástima que el día no tenga más horas.

      Hasta pronto.

      Eliminar
  5. Excelente. Con tu permiso seguiré husmeando por aquí.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que te guste. Husmea lo que quieras, la verdad es que el blog ha adquirido vida propia y ha decidido convertirse en 'desván', porque lo de ser 'biblioteca' le parecía demasiado serio.

      Hasta pronto.

      Eliminar

Publicar un comentario