lunes, 28 de abril de 2014

Crónica de las andanzas de Diablo Cojuelo. Cap.IV


Te llevo al Capítulo I

 

 

 Capítulo IV


Salí a la calle con la cabeza embotada y los nervios tirándose de los pelos. Cuando llegué a casa leí el primer informe.
 Transcripción del primer informe:
«INFORME DEL ESPANTO COCO
23:56 horas del día 30 de octubre de 18…
SUJETO: Diablo Cojuelo, alias DC.
Diablo del Bajo Infierno. Es un fanático del arte y coleccionista de artistas, a los que gusta desquiciar de tal forma, que enloquecen pronto, y hasta el día de su muerte sólo componen obras satíricas para deleite del diablejo.
Tiene el mismo aspecto vulgar que el resto de los de su calaña. Pero es fácil identificarlo por su demente socarronería y la exhibición de una ostentosa cojera.
Diablo Cojuelo fue uno de los primeros en rebelarse contra el Cielo, y el primero en ser arrojado al Infierno; por eso, cuando el resto de renegados que lo siguió cayó sobre él, se le fracturó la pata. ¡Pero, atención! No hay que subestimarle, nunca ha perdido ni un ápice de  su agilidad, velocidad y mala leche.
Durante siglos trajo de cabeza a todo el orbe. Por fin, una caterva de los peores demonios infernales lo apresó y negoció un trueque con el Astrólogo. Por el momento, se ignoran los detalles del pacto, pero se sabe con certeza que, Diablo Cojuelo, acabó encerrado en una botella de zafiro, perfectamente sellada con lacre sangrante maldecido cien veces».
Tuve que leer el texto cuatro veces para asimilar cada detalle. Luego, como una chica obediente, metí el informe del agente Coco en una palangana y lo rocié con vino tinto. La tinta negra no tardó en desleírse hasta resultar por completo ilegible. Eso me recordó que en mi cartera llevaba también la copia del contrato que acababa de firmar. De pronto, como si me hubieran arreado un bastonazo en el cogote, me di cuenta de que lo había firmado ¡sin leerlo antes! ¡Sí que había sido una chica buena! ¡Una estúpida cabeza hueca! ¡Eso es lo que  yo era!
Como estaba agotada y el mal ya estaba hecho, decidí darme un baño caliente y meterme en la cama.
A la mañana siguiente desperté con la sensación de haber perdido u olvidado algo. Me aseé, tomé mi desayunoextrachuscarradoy me dispuse a leer el periódicoque de nuevo estaba desgarrado. En ese momento me di cuenta de lo que había olvidado, y me lancé hacia mi cartera para averiguar lo que había perdido. El papiro que extraje estaba limpio quiero decir, que no había ni una sola palabra escrita. Desesperada no pude contener las lágrimas; el torrente salino acabó estrellándose contra el papiro que yacía sobre el periódico. De repente, montones de letras de imprenta emergieron desordenadas sobre la superficie del papiro y danzaron alocadamente, hasta reunirse en grupos de palabras. Al girar el papiro descubrí que las letras procedían de mi maltrecho periódico dominical.
Miré a mi alrededor y, segura de encontrarme sola, me dispuse a leer mi sentencia:
«Bú, Coco y Papón. Espantos profesionales, s.l.
Contrato de arrendamiento de servicios de desinfestación radical de sátiros, diablos y poltergeist, parasitados en la dimensión terrenal.

En L..., a 1 de noviembre de 18...

 I. De una parte la señorita Agapita Cáspita, víctima acosada por un diablo.
II. Y de la otra parte, los Espantos: Don Bú del Encinar, socio y representante de la cía. s.l.; Don Coco El Oscuro, socio y primer agente de campo; y Don Papón de Cangas de Narcea, socio y segundo agente de campo.
Arrendamiento de servicios de desinfestación radical de sátiros, diablos y poltergeist, parasitados en la dimensión terrenal.
I. La primera parte compareciente, en calidad de contratante, acepta cubrir las dosis de sangre precisas para sufragar el estipendio de corruptos y chivatos.
II. La segunda parte, en calidad de contratada, se compromete a extraer _una vez firmado el contrato_, dos ampollas de la sangre de la parte contratante en concepto de: 
          1ª. Gastos de investigación preliminar, y 
          2ª. Tasa de acceso a la Boca del Infierno.
III.    La parte contratante recibirá, de la cía. s.l., informes periódicos entregados por medio de mensajería privada.
IV.     La parte contratada no se responsabiliza de la información filtrada, por la negligente conducta de la parte contratante.
V. Los honorarios que percibirán los señores Bú, Coco y Papón, serán vitalicios y consistirán en:
a. Suministro gratuito de cada una de las primeras ediciones escritas, y autografiadas, por la parte contratante.
b. Acceso, libre e ilimitado, a todos los cajones, bajo-camas y arcones, propiedad de la parte contratante.
c. Ágape semanal en el domicilio de la parte contratante. (Sólo serán aptas las mejores viandas asturianas).
Cláusula final: En caso de que la parte contratante no cumpliera con cada punto del pacto, este contrato se convertiría en hereditario... Por los siglos de los siglos ».

sábado, 26 de abril de 2014

Crónica de las andanzas de Diablo Cojuelo. Cap.III



  Te llevo al Capítulo I

 



Capítulo III
Cuatro días duró la agónica espera. Por un lado, tenía que luchar contra mis más que fundadas dudas sobre aquel negocio y, por otro, convivir con el fastidioso ente, que se había vuelto más impertinente que nunca. Cuando por fin dieron las nueve en el reloj del cuco, cerré la puerta de casa y me puse en marcha.
La ironía que emanaba del conjunto escénico resultaba, en todo punto, grotesca; caminaba a paso ligero hacia mi probable condenación, sin poder dejar de esbozar una sonrisa patética: igual que la del  reo, que espera su turno en la horca; o la del niño, al que ya se le escapó un pis, largo rato contenido.
No sé cómo lo hice, pero a las once y cincuenta y nueve minutos de la noche, me encontraba aferrada al llamador del número 13 de la calle Averno. Espiré hondo y antes de que tuviera tiempo para recuperar el hálito, la puerta del nº 13 se abrió con un coro de grillos-mártires de fondo. Me ajusté la capa y, eternamente agradecida por librarme esta vez de la campanilla apocalíptica, me sumergí en las tinieblas.
Buenas noches, señorita Cáspita dijo la oscuridad.  Mi nombre es Don Coco. Sea bienvenida a nuestra humilde morada.
Gra…graciasmusité espantada.
Sírvase acompañarme hasta el despacho azul.
La situación se me antojó ridícula: para deshacerme de un fantasma burlón, le pisaba los talones a una sombra siniestra.
El «despacho azul» resultó ser, en efecto, un despacho; aunque más acogedor y confortable de lo que jamás hubiera podido imaginar. La estancia era cuadrada y estaba empapelada en diferentes tonos azules me dio la impresión de estar suspendida en el cielo. Un pulcro juego de escritorio esperaba sobre una mesa redonda en medio de la sala; la pared de la derecha estaba tapizada por una colección de libros de temática ocultista;  y en la chimenea de la pared opuesta, crepitaba un fuego seductor. Don Coco me invitó a ocupar el sillón más cercano al hogar y se retiró hasta la penumbra más próxima. Un minuto después entraron en escena Don Bú y Don Papón: el primero se acomodó en el sillón de enfrente; el segundo permaneció de pie, dominando el escenario con su impresionante figura.
Bien, mi querida señorita. Supongo que se preguntará la razón de que hayamos aceptado su caso. Permita que le sea sincero…
No sólo se lo permito, sino que lo exijodeclaró envalentonada la voz que se fugó de mi garganta.
Es justorió Don Bú. Digamos que mis socios y yo tenemos varias cuentas pendientes con su… ¿”ente”, lo llama usted? Pues bien, hemos investigado y descubierto que su acosador no es ni más ni menos que Diablo Cojuelo.
La sonrisa de mi interlocutor dio paso a una mueca de decepción. Debía esperar que yo conociera al mentado diablejo.
En fin suspiró retrepando en su sillón. Diablo Cojuelo, o DC, como lo llamamos en el Más Allá, es una criatura con un desmesurado carácter burlón; esta desquiciante cualidad le ha granjeado numerosos enemigos en todas las dimensiones. Hace cuatro siglos, los demonios mayores, hastiados de sus bromas pesadas lo condujeron a la Torre del Astrólogo, donde pactaron un trueque. El viejo Astrólogo encerró a DC en una botella de zafiro y la selló con una maldición.
¡¿Entonces…?! exclamé atando cabos.
Fue Don Papón, quien tomando la palabra, informó de que Diablo Cojuelo había escapado de su prisión…, tras la misteriosa muerte del Astrólogo. Él mismo se había encargado de la investigación, pero no había encontrado ninguna prueba que corroborara sus conjeturas,  a saber:
1º.Que como consecuencia de su porfiado abuso de poder, el Astrólogo había enloquecido.
2º.Que el desgraciado farsante había comenzado a tragarse su propia cháchara agorera.
3º.Que DC había aprovechado la coyuntura para manipular al viejo loco.
4º.Que el viejo chiflado se lanzó desde las almenas para huir de algún peligro imaginario, de fijo gestado por DC.
Acabado el informe se instaló un silencio blanco en el despacho celeste.
En honor a la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad rompió Don Coco, la segunda razón por la que aceptamos el trato es que…, Bú ha jurado decapitarnos a diario si, por falta de celo…, usted fenece.
La fanática devoción que usted le inspira remató Don Papón es contraproducente para la eternidad de nuestros cuellos.
En menos de media hora mi ánimo había recibido un buen sopapo. Me sirvieron una taza de té cuyos efectos se sumaron al dulce sopor que exhalaba la chimenea de ópalo. Fue en ese estado de embriaguez como estampé mi firma en un pergaminocasi ilegible, del que me entregaron copia.
Muy bien, querida señorita dijo ufano Don Bú. Nosotros nos encargaremos de todo. Recibirá informes periódicos en mano. El primero, se lo entrego ahora. Le recomiendo que los disuelva después en vino tinto y añadió guiñándome uno de sus ojazos. Para que no se filtre información. Buenas noches.

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jueves, 24 de abril de 2014

Crónica de las andanzas de Diablo Cojuelo. Cap.II




  Te llevo al Capítulo I




Capítulo II

Una tarde que me encontraba desquiciada intentando rescatar mi obra mágicamente agredida por un enjambre de tinteros rabiosos, llamaron a la puerta. Los dos ¡únicos! tomos manuscritos de mi ¡ultimísima! e ¡inédita! obra maestra… ¡SE ESTABAN EMBORRONANDO! Durante todo el trayecto hasta la entrada estuve mascullando amables lindezas hacia mi desconocido visitante:
«¡Estúpido gusarapo, malapata, cucaracha inmunda, cabeza hueca, engendro de trol...!»
Abrí de golpe la puerta y… mi propia furia me espachurró el corazón contra el suelo. Ante mí se encontraba el chico más escuálido del mundo; su piel cetrina resaltaba unos ojos desorbitados y opacos; remataban su aspecto de muerto viviente, los harapos embarrados que vestía.
¡Para la señorita Agapita Cáspita! —y alargándome un rollo de papiro ordenó:  ¡Firme!
Acto seguido, y sin esperar propina, se escabulló a todo trapo calle abajo.
Transcripción del primer billete remitido por Don Bú y entregado en mano.
«Señorita Agapita Cáspita:
Como representante de la agencia Bú, Coco y Papón. Espantos profesionales, s.l., me complace anunciarle que su caso, tras ser objeto de un exhaustivo estudio, ha sido aprobado por la junta de socios. Así pues, la conminamos a reunirse en nuestras oficinas del número 13 de la calle Averno, la noche del sábado, 1 de noviembre, a  las once  cincuenta y nueve en punto; esa misma noche firmará el contrato de arrendamiento de servicios.
Le saluda atentamente:
Don Bú del Encinar»
Leí ansiosa la nota manuscrita. El mensaje era claro, aunque suscitaba cierto recelo. Sin ir más lejos, el verbo  «conminar»  ya era, de por sí, espeluznante, si además le añadíamos lo de:  «… firmará las condiciones del contrato…», era inevitable crearse una composición escénica donde  «una desventurada e ingenua doncella vende su alma al diablo».

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