jueves, 29 de mayo de 2014

Guardabosques




Haré de la paz mi hogar, y del amor, mi única patria






EL viejo Ceferino siguió plantando árboles hasta el último de sus días. Sólo sus tataranietos comprendieron la valía de su herencia.


martes, 20 de mayo de 2014

Atrapanubes







Los globos escaparon dibujando caracoles de aire, pinchando así, mi primer intento de fuga.


  ¡Voy a inflar más!


Echo de menos el olor de mami, el cosquilleo de su pelo, el latido de su corazón en mi corazón… Me separaron de ella un abrazo después de nacer y, enseguida,  me vi aquí:
«Astronave El Limbo
Hogar de las almas justas»
Este cohete me da mareo, gira y que te gira   
              sin cesar…
 


Besar
    Pensar
              
Potar

¡Aj!

¡Vaya broma!
Angelón, el niño con nombre, dice que elija la nube más esponjosa porque son las únicas que se pueden cabalgar, las otras sólo sirven para limpiarse el…, después de hacer… «¡eso!», lo que rima con cabalgar.



miércoles, 14 de mayo de 2014

eBook



"La nevera"


Pasaba con desgana las páginas hasta que advertí la facilidad de solventar mi «crisis vital»: pulsé OFF y cientos de mundos implosionaron. Ahora navego por YouTube.

 

jueves, 8 de mayo de 2014

Crónica de las andanzas de Diablo Cojuelo. Epílogo





Te llevo al Capítulo I


Diablo Cojuelo en apuros

EPÍLOGO

Años más tarde, durante una cena, Don Papón me narró cómo se saldó la segunda contienda contra Diablo Cojuelo:
«Nos encontrábamos atrapados en una sima. El maldito DC había robado una cometa y nos sobrevolaba a toda velocidad, al tiempo que nos arreaba bastonazos en la testa. El muy bellaco no dejó pasar la oportunidad de mofarse de nosotros; se despachó a gusto recordándonos, a voz en grito, las jugarretas que nos había infligido en el pasado.
Verás querida:
>>A Bú lo desplumó por completo mientras se hallaba inmerso en su catatónico sueño matutino. A mí me fastidió un sorbete de orujo que preparé para el Concurso bianual de alta cocina Asturiana el muy canalla lo contaminó con un potente laxante y el jurado me descalificó fulminantemente desde «el trono de porcelana» . Pero lo de Coco fue peor: DC atrapó a mi amigo en una tela de araña y lo dejó colgado durante días en un rayo solar, los ignorantes humanos con perdón, creyeron que se avecinaba El Fin de los Tiempos; desde entonces, Coco no soporta a las arañas.
Como colofón del escarnio, tuvimos que soportar sus infames tonadillas.
Cuando se hartó de jugar, nos escupió y salió zumbando en su cometa».



Aquí termina esta aventura que, sin ser  muy grande, sí creo que se le debe conceder, al menos, el calificativo de «insólita».
Supongo que ya habréis comprendido la necesidad de esta crónica, la cual lego como seguro a mis herederos y herederas; en caso de que mi linaje se pierda, el orbe podrá contar con las instrucciones para vencer a Diablo Cojuelo.
No obstante, tengo la impresión de que Bú, Coco y Papón. Espantos profesionales, s.l. continuará abriendo sus puertas a los necesitados, por los siglos de los siglos.

Crónica de las andanzas de Diablo Cojuelo. Cap.VII. Actos finales


 

Te llevo al Capítulo I

 

Capítulo VII

 

Coco en la trampa

 

Tercer Acto

Diablo Cojuelo nos tenía en jaque.
El maldito estaba eufórico; comenzó a danzar y cantar alrededor de los Espantos.

       << Mequetrefes,                                                                    << Fantoches
            Espantajos,                                                                            Monigotes
          Nadie os teme.                         ¡Ja, ja, ja!                           penderéis
         ¡Qué fracaso! >>                                                                  De los bigotes. >>
  
                                                     ¡Yuuu, juju, jajaja!
Su descarado comportamiento me encolerizó. Me levanté del suelo y antes de poder abalanzarme sobre el endemoniado gusarapo, una ráfaga helada me empujó hacia atrás. Creí que era otro truco de DC, pero no; encarado al diablo estaba Mercrónimo, el zombi-mensajero.
DC se encorvó y enseñó los colmillos para asustar al chico; como Mercrónimo no se quitó de su camino, DC optó por soliviantarlo con burlas.
¡Vaya con el gazapo! Tan raquítico, tan desgarbado… ¿acaso crees que me puedes derrotar, engendro de piojo?
DC tuvo la intención de esquivarlo, pero Mercrónimo era mucho más ágil y veloz que él e interceptó su camino.
DC, ya no reía. Sus intentos por dominar la situación fueron infructuosos. En su última tentativa por librarse del chico, ambos quedaron situados bajo una gran roca que parecía a punto de desmoronarse. Comprendí, enseguida, el peligro que corría el muchacho y grité para alertarlo. En ese instante, la roca cayó frente a DC propinándole al diablejo un mamporro fenomenal . La roca no era otro que Capón, el ogro centinela.
Cuarto Acto
Diablo Cojuelo se quedó aturdido; segundos después intentó revolverse contra sus agresores, pero, para su desdicha, los cuernos se le habían quedado clavados en el garrote que todavía sujetaba Capón.
Presencié la contienda a través del velo residual de la pócima duermeteniña; sin embargo, había llegado el momento de espabilar y rematar el negocio.
Saqué de mi capa un cabo de vela, fósforos, una ampolla de sangre, lacre y el ánfora de zafiro. Este último objeto provocó un pánico instantáneo en DC.
El ritual daba comienzo:
Prendí la vela; empapé el lacre con mi sangre; acto seguido, situé el ánfora bajo Diablo Cojuelo, al tiempo que recitaba las cien maldiciones. El ánfora succionó al diablejo con un fuerte ¡Slup!, y sin más dilación sellé la prisión de zafiro con el lacre derretido.
Acto Final
Liquidado el peligro, liberamos a Don Bú, Don Coco y Don Papón, de su trampa arácnida, y les entregamos el ánfora donde se retorcía furioso el diablejo.
Los Espantos acordaron abandonar el recipiente en Caos, el vacío primigenio. Aquella fue su particular revancha:  «Privar al Burlador de todo objeto de burla».
Don Coco se ofreció voluntario para la última misión. El resto volvimos a la dimensión terrenal para celebrar la victoria.
A su regreso del Confín del Orbe, Don Coco se encontró servido un memorable banquete con las más exquisitas viandas. Don Papón se había esmerado, particularmente, en el famoso sorbete de orujo; con él, brindamos por una larga y próspera amistad.


Leer el epílogo