sábado, 19 de diciembre de 2015

Campanas de Navidad




Fotografía de Tina Floristas



 No eran el miedo ni la esperanza lo que le empujaba a lanzarse. Samuel se arrodilló frente a Clara para pedirle matrimonio, mientras Rodolfo y Andrés se daban el «sí quiero» en la mesa de al lado.



Tina floristas facebook



jueves, 10 de diciembre de 2015

Impermeable






La biotecnóloga se abotona el nuevo guardapolvo: «40% de hilo de pensamiento perdido, 60% de lluvia ácida» —susurra complacida—, y entra en el laboratorio. El éxito ha sido flagrante: los «diablejos» no han vuelto a quemarle las neuronas; hoy mismo venderá la patente al Ministerio de Educación.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Book trailer de "Pelusillas en el ombligo"






¡EXTRA! ¡EXTRA!




La editorial LASTURA, una servidora y su compinche se complacen en presentarles:
Bajo este título —grácil y audazmente prologado por la escritora Laura Frost— les ofrecemos una gran variedad de pelusillas y pelusones de todos los tamaños y sabores que harán las delicias de cualquier ombligo, desde el más purista hasta el más bohemio, ya que disponemos de una extensa gama de microrrelatos concebidos para el chico y la chica; el resabiado y el idealista; el romántico y el calavera; el supersticioso, el petulante, el alunado, el estoico, el bisoño, el comediante, el escéptico…
No dejen de hacer su pedido en LASTURA y, junto a sus Pelusillas, se llevarán de regalo una exclusiva e inimitable colección de aforismos y greguerías encadenadas.
¡Rápido que se acaban!

  BOOK TRAILER  

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Independiente







¡De una vez por todas iban a dirimir el conflicto! Acordaron reunirse en la «Sala de los espejos» para evitar orejas mironas, y se la jugaron a piedra, papel o tijeras. El reto quedó en tablas por el dichoso vicio que ambos compartían de quedarse prendidos en su propio reflejo. Al final, mi madre ha mandado a "los chicos" de viaje, a ver si así, se les aclaran las ideas.


viernes, 30 de octubre de 2015

Halloblogween 2015




«…El proceso era muy artesanal: drogar, mutilar, voltear la epidermis, sembrar, zurcir y mantener en reposo. Para cuando quisieron descubrirlo, él ya había concluido su obra. Los acontecimientos posteriores se precipitaron de forma tan descarnada que fue inútil la intervención militar; el joven y emprendedor taxidermista disponía de su propio escuadrón de la muerte: noventa y nueve zombis prestos a inocular un cóctel de hongos parasitarios que transformaría el mundo en un lugar más acogedor…»
Sin contar con la opípara reserva de cerebelos y criadillas para mí solito —se dijo mordisqueando el bolígrafo.

¡PINCHA EN LA IMAGEN SI TE ATREVES! 

 

Para más espantos, visitad el blog de Teresa Cameselle


domingo, 27 de septiembre de 2015

Brotes verdes





«¡El clan que cosecha unido tendrá su nido!», les exhortó el padre mientras hurgaban en las entrañas de los vertederos urbanos. Con lo que les pagó la chatarrera, compraron el traje de neopreno para el debut de la benjamina.


domingo, 13 de septiembre de 2015

Poema del Amor Hermoso







Este es el conjuro que vertí, a medio gemir, en su oído mudo, con la esperanza de que ella volviera a la vida.
Siempre creí que la magia debía consignarse en libros de pergamino y tapas de encina, para que la brujería no se desbocara en un rebuzno; domesticar semejante decretazo en un papel tan basto como el de estraza significaba que, o bien tenía un origen sobrehumano, o  era heredero de una mentira cochina.
Como sea que ella abrió los ojos, deduje que se trataba de un hechizo fetén. Salí al pasillo para anunciar el milagro y acudieron dos enfermeros —‘el Requinto’ y ‘el Cabezabuque’—, me levantaron en volandas y, desde el aire escorado, vi el mundo galopar bajo mis pies. Al principio imaginé que tenían prisa por llevarme ante el comité de sabios, luego comprendí que estaban tomando impulso para acertar el tiro: atravesé limpiamente el vano de aquella puerta para aterrizar en una mullida habitación blanca. En cuanto el facultativo apareció, le conté lo sucedido, él se ajustó las antiparras y leyó el conjuro: «esta letra es de mi nieta» —atestiguó mi buen doctor—. Descubrir que la nieta del doctor Saturnino era una semidiosa me dejó noqueado…, eso, y la inyección que el enfermero-mula me administró vía estocada.
Días más tarde me aseguraron que ni mi «ella» era real, ni existía la magia —cosa que tuve que contradecir con hechos:  la noche de Difuntos, ella apareció en mi ventana, convirtió los barrotes en compota de ciruela y evacué el recinto ipso facto.
Sin más sobresaltos que lamentar, ella y yo vivimos amancebados sobre la Nebulosa de la República Selenita, un ático diáfano con vistas al Mar Seco.
«Perspectiva: Utilízala u olvídala»
Ilusiones de Richard David Bach (1936-), biógrafo de la gaviota más molona de todos los tiempos: Juan Salvador Gaviota.

jueves, 27 de agosto de 2015

Ella



Fotografía de J.J.P



Era mujer, no sabía si por el sentir innato o por sus quehaceres cotidianos.
Era ella; la que volaba sobre unas bailarinas traicioneras desde el trabajo hasta la sirena escolar bajo el peso desarmado del paraguas.
Era esa: la criada, la enfermera, el ama seca; la puta que día sí, día también debía entregar a Paco su cuerpo y su sal mientras la hija que nunca podría concebir sollozaba en el cuarto contiguo, aferrada a sus princesas.
»En el asesinato de Michelle F.L, la justicia desestimó el agravante de violencia de género porque, en su DNI, la víctima figuraba como Michel F.L., varón.

miércoles, 1 de julio de 2015

El paseo lunar de Peka








Una vez existió un nevus llamado Peka, del color de los nísperos y no más grande que una semilla de perejil. Vivía sobre la nariz de Timoteo, un muchachote de dieciséis años que pasaba más tiempo en la montaña que en la granja.
Al nacimiento de Peka la siguieron sus hermanas Taca, Chusca y Chic.
A Peka le encantaba su casa por la espectacular vista panorámica de todos es sabido que una nariz pegada a una cabeza giratoria es la atalaya perfecta; de ahí, el dicho popular:
«Meter las narices en todas partes»
Una mañana, Peka despertó sintiéndose un poco rara. No estaba enferma, de eso estaba segura porque Timoteo la embadurnaba a diario con un superprotector solar. Sin embargo, sentía tal picazón que no pudo reprimir un bailoteo sobre la nariz.
¿Se puede saber qué te pasa? bostezó Taca.
Tal vez necesite ir al baño se desperezó Chusca. Los pellejos bailan así cuando necesitan desaguar.
Chusca, eres una peca de lo más vulgar protestó Chic.
Merci beaucoup canturreó la pícara peca. Al contrario que tú, yo me codeo con la col y grasa de la plebe más real.
¡Basta ya, inmaduras! les reprendió Taca ¡Nuestra hermana mayor nos necesita!
Y era cierto. Mientras las más jóvenes discutían, Peka había comenzado a ensombrecerse.
Creo que tengo ganas de llorar.
¡LLORAARR! exclamaron atónitas las menores.
Querida mía, las pecas no podemos llorar suspiró Chic.
A lo más que llegamos —aseveró Taca— es a rezumar sudor…
Salvo cierta peca interrumpió Chusca, que por no ensuciarse cierra sus poros con tanta fuerza que parece a punto de implosionar parodió.
Chic la fulminó con la mirada y se dispuso a tañer una réplica sonora.
¡Ya está bien, Chusca! la regañó Taca.
¡Mirad! exclamó Chic de repente.
Taca y Chusca miraron en la dirección que señalaba la más pequeña. Al parecer, la pobre Peka ya había recuperado su color y forma habituales.
Ya sé lo que me sucede, hermanas.
Chusca se dispuso a tomarle la delantera a Peka con una de sus “ingeniosas” hipótesis, sin embargo, Taca y Chic fueron más rápidas y la amordazaron.
¿Recordáis que ayer estuvimos observando las estrellas desde Castillo Viejo?
Las tres hermanas asintieron sin dejar de contener a Chusca.
Pues bien. Mientras pensaba en lo mucho que las pecas nos parecemos a ellas, algo insólito ocurrió: uno de esos astros se descolgó de su percha y cruzó el firmamento para sumergirse en el horizonte.
¡Ooohh!
Eso pensé continuó Peka. ¿Es posible que esa estrella decidiera mudarse a otro lugar? Y si es así, ¿cómo consiguió moverse? Me dormí dándole vueltas al misterio de la estrella nómada…
¡Zapateta! estalló Taca que ya había calado a su hermana. ¡Es una locura! ¡Ni tú eres una estrella ni Timoteo es el Espacio Sideral!
Todo lo más, un croquis… se mofó Chusca.
Chic le taponó la boca a Chusca y luego se dirigió a Peka:
Cariño, comprendo tus ansias de libertad, es muy natural; yo misma desearía poder vivir en la naricilla respingona de esa glamurosa actriz de las películas que…
¡JA! disparó Chusca ¿Cuánto crees que durarías en ese preciado pellejo? ¡Yo te lo diré: justo el tiempo que tarda un cirujano en desintegrarte con su láser!
¡SHUUSLOB! ¡POB!
Remató Chusca escenificando el «pecacidio».
¡Eres una grosera, desagradable y envidiosa peca!
¡Suficiente! les ordenó Taca.
La juiciosa Taca ignoró el bisbiseo irritado de Chusca y Chic y le preguntó a Peka cómo podían ayudarla.
Veamos… Se me está ocurriendo que, como somos el resultado de una acumulación de pigmento causada por las células Melanocitos, lo único que debemos hacer es preguntarles a éstas cómo movernos sobre la Epidermis.
Taca debió reconocer que, aunque la idea seguía siendo descabellada, el razonamiento de su hermana no carecía de lógica.
¡Pues hecho! sentenció la entusiasta Chic. Vosotras partid sin demora que Chusca y yo cubriremos vuestra ausencia luciendo todo nuestro encanto y…
¡Claro! —interrumpió la peca gamberra—. No queremos que nuestro Timi se alarme cuando al repasar su colección de pecas descubra que le faltan dos.
Tu sigue por ese camino, Chusca, y verás cómo te hago resplandecer en escarlata amenazó Chic.
¡Guay! exclamó Chusca. Mientras nuestras hermanas se sumergen en la burocracia celular, tú y yo intentaremos mejorar la cara del muchacho.
Peka y Taca dejaron a sus hermanas algo recelosas por lo que pudieran encontrar a su vuelta. Inspiraron hondo y se escurrieron hacia las capas internas de la piel.

¿Cómo acabará esta pequeña exploradora su viaje?

Descúbrelo en:

 

 Naonatos by Esther Planelles Arráez on iBook



viernes, 12 de junio de 2015

Cracker





INTRODUCCIÓN
Me arranqué el corazón por voluntad propia. Sucedió cuando rebosó el vaso, cuando ya no pude soportar ni mi hipocresía ni el cinismo patibulario del mundo; entonces lo hice: «¡cuaj!» —así sonó el maldito idiota cuando lo extirpé de mi pecho— y lo tiré al suelo, porque ya no me importaba el civismo ni la ecología. Entonces la «libertad» cobró un nuevo significado, dejó de ser esa idealista gilipuertas que se muere en cuanto tropieza con la «libertad de los demás»; ahora es una salvaje avasalladora que me da carta blanca…
I
TESTIMONIO DE DON LIANTE DE VIAMUERTA, ABOGADO
«Tic, tac, tric, trac». Primero comenzó a «oír raro», luego pasó lo del baño de señoras, por último, metió la mano en la caja de caudales y se guardó el fajo de billetes en los calzoncillos —detrás, para que no se notara el falso bulto—. No era él mismo, estaba cambiado. Repasó conmigo lo que había hecho durante las semanas anteriores y, a parte de contratar a Jaid, no había nada de particular. Todo esto me lo contó mientras se vertía una taza de té hirviendo sobre la entrepierna.


II
TESTIMONIO DEL SEÑOR JAID
Una pulsión me llevó a cambiarme el nombre: Jaid, en honor a la mejor obra literaria de la historia, “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde”. La siguiente, buscar un conejillo de indias, mi nuevo jefe: cazurro, zafio, mezquino. Llenarle la mollera de patrañas fue pan comido: le induje a pensar que le fallaba el oído, que era un rompecorazones, que le escamoteaban la paga de beneficios, que sufría párkinson, …que debía abandonar el mundo con la dignidad intacta.


III
SEGUNDO TESTIMONIO DE DON LIANTE DE VIAMUERTA, ABOGADO
Enterramos a don Leopoldo sin comprender la razón de su terrible final. Acudieron todos: accionistas, ejecutivos, abogados, conserjes… No faltaba nadie, ya se había encargado el señor Jaid de enviar una circular a toda persona relacionada con la empresa. Yo, como abogado de la familia, nunca recibí la notificación, pero por la cara de los presentes, parecía que había más de un finado en aquel sepelio.


IV
LA ARAÑA EN LA TELARAÑA. (Nuevo testimonio del señor Jaid)
El del bombín se presentó como don Liante de Viamuerta, abogado personal de don Leopoldo —de cuerpo presente—. Me dijo que era un honor estrechar la mano del último talento que cazó su cliente, y mostró interés por conocer el origen de mi peculiar nombre. Le expliqué que «Jaid» procedía de una progresiva deformación del antiguo apellido familiar, Hyde, y que le había cogido tanto cariño que no había tenido corazón para restituirlo a su origen. Coincidió conmigo en la necesidad de remozar los apellidos desafortunados y calló. Como hice ademán de abandonar tan soporífera conversación, don Liante de Viamuerta, me descerrajó otra pregunta… «Mi currículum» —contesté— «Eso, y el carisma de don Leopoldo, ¡por descontado!». Después trató de sonsacarme información que esclareciera…«la repentina defunción de su cliente». Vi, entonces, mi oportunidad de conquistar el siguiente objetivo: Belladonna, la hija de don Leopoldo, tan fea como ricachona.


Convencí al abogado de mi nobleza y valía; lo acompañé en sus visitas a la viuda, en calidad de servil trabajador del suicida; encandilé a ‘la fea heredera’; me hice adalid de la viuda frente al fatal destino… En el primer aniversario de la «partida precipitada» de don Leopoldo, contraje esponsales con ‘la fachosa Belladonna’. Ella comió de mi mano hasta que, bruscamente, cambiaron las tornas: el tímpano vibraba día y noche con sus interferencias, me sentí como una mosca atrapada en el espejismo del cristal; las sospechas que había concebido no tardaron en confirmarse: una araña más grande me atrapó en su red.
—«Te reconocí en el funeral…» —me susurró una noche Belladonna.
—«¿Sorprendido?» —rio con toda su fealdad.
—«No eres más que un principiante. Para llegar a ser un auténtico cracker debes arrancarte el corazón del pecho, y tú no lo has hecho…»

»¡Estúpido! Creí que bastaba con modelar las claves de la política y servirlas al gusto del catador; pero no, este arte requería despojar de corazón al artista. Seguí el ejemplo de mi abyecta amante, porque sólo así es posible vivir del cuento.