La llamada




Pierna sobre pierna a modo de atril, viajaba en el segundo vagón con un petate que, a todas luces, revelaba su estatus de estudiante nómada; el teléfono pegado a la oreja y una intensidad de voz que denotaba desdén ante un, más embebido que obligado, público, confirmaban mi hipótesis.
»…De camino… Algo más de dos horas. Hablaremos cara a cara los tres… Me siento mal por no haber estado allí… Comprendo que debías desahogarte… Esto no tiene solución, pero hay que hablar de ello… Pronto…
Mientras la velocidad emborronaba el paisaje ante mis ojos, yo trataba de esbozar las piezas que faltaban en ese rompecabezas desparramado con alevosía: ¿la viajera ostentaba compulsivamente un altruismo filantrópico? ¿O se trataba de algo más jugoso? ¿Era ella el tercer lado de un triángulo isósceles que —según la moralidad vigente— jamás devendría en equilátero?... ¡Eso explicaría la «irresolución» del nudo!

Con el relato juvenil a medio zanjar, anunciaron por megafonía la siguiente estación «…Lyon…», y de nuevo el turbador dilema: desmadejar el último enredo o apearme del tren…
Nadie de entre la marabunta del andén reparó en que le pisaba los talones al carcamal del bombín, ni siquiera él, que desde que embarcara en París, estuvo consagrado en cuerpo y mente a mortificar a la asistente que lo acompañaba.
Llegados a este punto, permitid que me presente: soy Jon, viajante de productos quirúrgicos y  reo de una serie de anécdotas inconclusas que excitan mi condenado ingenio; sólo quienes persiguen mi carrera literaria en la INTERPOL saben apreciar los desenlaces que, magistralmente, cincelo sobre los cadáveres de mis musas.
Sepan ustedes que, merced al viejo calavera, estoy a un tajo de inmortalizar un himno a la voluptuosidad que hará las delicias de los alumnos de criminología.
En cuanto a la joven estudiante, tengo el absoluto convencimiento de que nuestros caminos se volverán a cruzar.

Bon voyage!

Comentarios

  1. Mientras sean sobre los cadáveres de las musas… Qué bueno, Esther y qué bien llevada la intriga. Todavía siento escalofríos con la amenaza final.

    Besos y abrazos.

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    1. ¿Y si te digo que la primera parte está basada en hechos reales?
      No lo hice con premeditación, aunque es incuestinable mi alevosía. En mi defensa diré que necesitba encontrar resarcimiento por las innumerables veces que -ya con mi imaginación en pleno borboteo- me he quedado con la oreja colgada. También confieso que no ha sido fácil escribir algo tan macabro..., sobre todo, porque suelo usar el transporte público.

      Un abrazote.

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    2. Te creo, porque me he visto representada. Yo también viajo en transporte público ;-)

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  2. Mucho nos dio que hablar este micro en su momento. El protagonista es una especie de Hannibal Lecter que no pierde detalle de la conversación de una chica en el tren. Como la historia le deja a medias, decide pagarla con otro pasajero. Cualquier día te llama un director de cine de terror para rodar un corto con la historia. Espero aparecer en los créditos.

    Un abrazo.

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    1. Que te llegue una historia cuyo final se queda en el borde del precipicio de la locura es frustrante; que el cuento se deslice por las grietas de tu cerebro, supone el empujón final hacia el abismo. Por suerte, tu intervención pragmática me ayudó a embarrancar esta "atrocidad" en una buena cala, así que, no dudes que estarás siempre en los títulos de crédito, justo al lado de mi hermana.

      ¡Buena cobaya! :-D

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  3. Me he quedado con la intriga, porque el personaje, en tan pocas líneas, resulta muy potente, muy interesante y promete.
    Besos.

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    1. A mí me da repelús, la verdad.
      Imagino que es así como los escritores y guionistas comienzan a elaborar el borrador de un thriller.

      Un abrazo.

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