Cracker





INTRODUCCIÓN
Me arranqué el corazón por voluntad propia. Sucedió cuando rebosó el vaso, cuando ya no pude soportar ni mi hipocresía ni el cinismo patibulario del mundo; entonces lo hice: «¡cuaj!» —así sonó el maldito idiota cuando lo extirpé de mi pecho— y lo tiré al suelo, porque ya no me importaba el civismo ni la ecología. Entonces la «libertad» cobró un nuevo significado, dejó de ser esa idealista gilipuertas que se muere en cuanto tropieza con la «libertad de los demás»; ahora es una salvaje avasalladora que me da carta blanca…
I
TESTIMONIO DE DON LIANTE DE VIAMUERTA, ABOGADO
«Tic, tac, tric, trac». Primero comenzó a «oír raro», luego pasó lo del baño de señoras, por último, metió la mano en la caja de caudales y se guardó el fajo de billetes en los calzoncillos —detrás, para que no se notara el falso bulto—. No era él mismo, estaba cambiado. Repasó conmigo lo que había hecho durante las semanas anteriores y, a parte de contratar a Jaid, no había nada de particular. Todo esto me lo contó mientras se vertía una taza de té hirviendo sobre la entrepierna.


II
TESTIMONIO DEL SEÑOR JAID
Una pulsión me llevó a cambiarme el nombre: Jaid, en honor a la mejor obra literaria de la historia, “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde”. La siguiente, buscar un conejillo de indias, mi nuevo jefe: cazurro, zafio, mezquino. Llenarle la mollera de patrañas fue pan comido: le induje a pensar que le fallaba el oído, que era un rompecorazones, que le escamoteaban la paga de beneficios, que sufría párkinson, …que debía abandonar el mundo con la dignidad intacta.


III
SEGUNDO TESTIMONIO DE DON LIANTE DE VIAMUERTA, ABOGADO
Enterramos a don Leopoldo sin comprender la razón de su terrible final. Acudieron todos: accionistas, ejecutivos, abogados, conserjes… No faltaba nadie, ya se había encargado el señor Jaid de enviar una circular a toda persona relacionada con la empresa. Yo, como abogado de la familia, nunca recibí la notificación, pero por la cara de los presentes, parecía que había más de un finado en aquel sepelio.


IV
LA ARAÑA EN LA TELARAÑA. (Nuevo testimonio del señor Jaid)
El del bombín se presentó como don Liante de Viamuerta, abogado personal de don Leopoldo —de cuerpo presente—. Me dijo que era un honor estrechar la mano del último talento que cazó su cliente, y mostró interés por conocer el origen de mi peculiar nombre. Le expliqué que «Jaid» procedía de una progresiva deformación del antiguo apellido familiar, Hyde, y que le había cogido tanto cariño que no había tenido corazón para restituirlo a su origen. Coincidió conmigo en la necesidad de remozar los apellidos desafortunados y calló. Como hice ademán de abandonar tan soporífera conversación, don Liante de Viamuerta, me descerrajó otra pregunta… «Mi currículum» —contesté— «Eso, y el carisma de don Leopoldo, ¡por descontado!». Después trató de sonsacarme información que esclareciera…«la repentina defunción de su cliente». Vi, entonces, mi oportunidad de conquistar el siguiente objetivo: Belladonna, la hija de don Leopoldo, tan fea como ricachona.


Convencí al abogado de mi nobleza y valía; lo acompañé en sus visitas a la viuda, en calidad de servil trabajador del suicida; encandilé a ‘la fea heredera’; me hice adalid de la viuda frente al fatal destino… En el primer aniversario de la «partida precipitada» de don Leopoldo, contraje esponsales con ‘la fachosa Belladonna’. Ella comió de mi mano hasta que, bruscamente, cambiaron las tornas: el tímpano vibraba día y noche con sus interferencias, me sentí como una mosca atrapada en el espejismo del cristal; las sospechas que había concebido no tardaron en confirmarse: una araña más grande me atrapó en su red.
—«Te reconocí en el funeral…» —me susurró una noche Belladonna.
—«¿Sorprendido?» —rio con toda su fealdad.
—«No eres más que un principiante. Para llegar a ser un auténtico cracker debes arrancarte el corazón del pecho, y tú no lo has hecho…»

»¡Estúpido! Creí que bastaba con modelar las claves de la política y servirlas al gusto del catador; pero no, este arte requería despojar de corazón al artista. Seguí el ejemplo de mi abyecta amante, porque sólo así es posible vivir del cuento.

Comentarios

  1. Ahora comprendo cuál es de punto que falta en todos esos decálogos de cómo moverse en política, banca, justicia… Algo así debía ser, porque de otro modo, a poco de corazón que se tenga, es imposible que se manejen así. Me encanta el modo que has abordado el tema. Un texto original, bien escrito, y con el punto exacto de ironía.

    Enhorabuena, Esther, con tus verifábulas me has mostrado una vez más la realidad.

    Besos y muchos abrazos.


    Pd: Y los dibujos que acompañan tus letras son geniales :-)

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    1. No sabía si funcionaría esta fórmula narrativa en un cuento tan corto; ya sabes, siempre estoy experimentando.
      Nunca deja de asombrarme que haya alguien a quien le guste mirar por este loco caleidoscopio al que, para más inri, le añado mis dibu's de estilo naïf-verifabuloso.

      Si algo caracteriza a este blog, es su naturaleza autodidacta; por eso, me alegra comprobar que, de verifábula en verifábula, acierto en la diana. Gracias.

      Un abrazote con alas.

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  2. La política es una partida de ajedrez en la que alguien mueve todas las piezas. Juega de un lado y del otro e intenta llevar el control global. Y por supuesto el corazón fuera, es un estorbo. Genial.

    Un abrazo.

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    1. Todavía albergo la esperanza de que el mundo se vuelva del revés; que los raros no sean quienes mantienen y usan el corazón a cada momento; que la mayor ambición de cualquier persona sea la de cumplir con los dictados de la ética, y que el perdón no sea una moneda de cambio, sino un cambio de mentalidad.

      Un abrazote, Maribel.

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  3. A mí me resulta muy curioso que una mujer le enseñe al protagonista la auténtica falta de escrúpulos. No dice mucho a vuestro favor. Uno aprende con el tiempo a no ir con el corazón en la mano, a dejárselo en casa. Pero de ahí a vivir del cuento va mucha diferencia. Prefiero que contemos el uno con el otro.

    Un abrazo.

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    1. Mira que eres tocapelotas. Ja, ja, ja, ja.
      Ya sabes que la mala uva no es propiedad exclusiva de ningún grupo humano. Con voluntad y práctica, todo se consigue, para bien, para mal y para lo indefinible.
      El corazón nunca estorba, a no ser que vaya ebrio de ingenuidad. Yo también prefiero seguir contando y sumando contigo.

      Un abrazo.

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  4. Me encantaron tu estilo y tu creatividad. Seguiré viniendo, con tu permiso
    =)

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    1. Para creatividad, la de los jueveros :-) No sé cómo lo hacéis para seguir el ritmo cada semana sin perder pie.
      Siempre bienvenida, Mónica.

      Un abrazo.

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  5. Indudablemente en determinados ambientes el corazón es un estorbo y por supuesto para vivir del cuento hay que arrancárselo de cuajo. Me ha encantado tu "verifábula" , es original, ingeniosa, divertida e irónica. Los dibujitos son geniales! Y Don Liante de Viamuerta...je je buenísimo!
    Un beso

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    1. Me alegro de que te guste. A veces creo que me paso de cínica, después leo las noticias y lo que creo es que me quedo corta. Albergo la esperanza de que "el pozo de la mala uva" se sece algún día y ya sólo pueda escribir sobre dientes de león, mariposas y ovejas pizpiretas.

      Un abrazo, Charo.

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