El paseo lunar de Peka








Una vez existió un nevus llamado Peka, del color de los nísperos y no más grande que una semilla de perejil. Vivía sobre la nariz de Timoteo, un muchachote de dieciséis años que pasaba más tiempo en la montaña que en la granja.
Al nacimiento de Peka la siguieron sus hermanas Taca, Chusca y Chic.
A Peka le encantaba su casa por la espectacular vista panorámica de todos es sabido que una nariz pegada a una cabeza giratoria es la atalaya perfecta; de ahí, el dicho popular:
«Meter las narices en todas partes»
Una mañana, Peka despertó sintiéndose un poco rara. No estaba enferma, de eso estaba segura porque Timoteo la embadurnaba a diario con un superprotector solar. Sin embargo, sentía tal picazón que no pudo reprimir un bailoteo sobre la nariz.
¿Se puede saber qué te pasa? bostezó Taca.
Tal vez necesite ir al baño se desperezó Chusca. Los pellejos bailan así cuando necesitan desaguar.
Chusca, eres una peca de lo más vulgar protestó Chic.
Merci beaucoup canturreó la pícara peca. Al contrario que tú, yo me codeo con la col y grasa de la plebe más real.
¡Basta ya, inmaduras! les reprendió Taca ¡Nuestra hermana mayor nos necesita!
Y era cierto. Mientras las más jóvenes discutían, Peka había comenzado a ensombrecerse.
Creo que tengo ganas de llorar.
¡LLORAARR! exclamaron atónitas las menores.
Querida mía, las pecas no podemos llorar suspiró Chic.
A lo más que llegamos —aseveró Taca— es a rezumar sudor…
Salvo cierta peca interrumpió Chusca, que por no ensuciarse cierra sus poros con tanta fuerza que parece a punto de implosionar parodió.
Chic la fulminó con la mirada y se dispuso a tañer una réplica sonora.
¡Ya está bien, Chusca! la regañó Taca.
¡Mirad! exclamó Chic de repente.
Taca y Chusca miraron en la dirección que señalaba la más pequeña. Al parecer, la pobre Peka ya había recuperado su color y forma habituales.
Ya sé lo que me sucede, hermanas.
Chusca se dispuso a tomarle la delantera a Peka con una de sus “ingeniosas” hipótesis, sin embargo, Taca y Chic fueron más rápidas y la amordazaron.
¿Recordáis que ayer estuvimos observando las estrellas desde Castillo Viejo?
Las tres hermanas asintieron sin dejar de contener a Chusca.
Pues bien. Mientras pensaba en lo mucho que las pecas nos parecemos a ellas, algo insólito ocurrió: uno de esos astros se descolgó de su percha y cruzó el firmamento para sumergirse en el horizonte.
¡Ooohh!
Eso pensé continuó Peka. ¿Es posible que esa estrella decidiera mudarse a otro lugar? Y si es así, ¿cómo consiguió moverse? Me dormí dándole vueltas al misterio de la estrella nómada…
¡Zapateta! estalló Taca que ya había calado a su hermana. ¡Es una locura! ¡Ni tú eres una estrella ni Timoteo es el Espacio Sideral!
Todo lo más, un croquis… se mofó Chusca.
Chic le taponó la boca a Chusca y luego se dirigió a Peka:
Cariño, comprendo tus ansias de libertad, es muy natural; yo misma desearía poder vivir en la naricilla respingona de esa glamurosa actriz de las películas que…
¡JA! disparó Chusca ¿Cuánto crees que durarías en ese preciado pellejo? ¡Yo te lo diré: justo el tiempo que tarda un cirujano en desintegrarte con su láser!
¡SHUUSLOB! ¡POB!
Remató Chusca escenificando el «pecacidio».
¡Eres una grosera, desagradable y envidiosa peca!
¡Suficiente! les ordenó Taca.
La juiciosa Taca ignoró el bisbiseo irritado de Chusca y Chic y le preguntó a Peka cómo podían ayudarla.
Veamos… Se me está ocurriendo que, como somos el resultado de una acumulación de pigmento causada por las células Melanocitos, lo único que debemos hacer es preguntarles a éstas cómo movernos sobre la Epidermis.
Taca debió reconocer que, aunque la idea seguía siendo descabellada, el razonamiento de su hermana no carecía de lógica.
¡Pues hecho! sentenció la entusiasta Chic. Vosotras partid sin demora que Chusca y yo cubriremos vuestra ausencia luciendo todo nuestro encanto y…
¡Claro! —interrumpió la peca gamberra—. No queremos que nuestro Timi se alarme cuando al repasar su colección de pecas descubra que le faltan dos.
Tu sigue por ese camino, Chusca, y verás cómo te hago resplandecer en escarlata amenazó Chic.
¡Guay! exclamó Chusca. Mientras nuestras hermanas se sumergen en la burocracia celular, tú y yo intentaremos mejorar la cara del muchacho.
Peka y Taca dejaron a sus hermanas algo recelosas por lo que pudieran encontrar a su vuelta. Inspiraron hondo y se escurrieron hacia las capas internas de la piel.

¿Cómo acabará esta pequeña exploradora su viaje?

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 Naonatos by Esther Planelles Arráez on iBook



Comentarios

  1. Me ha parecido un cuento muy dinámico y alegre, apropiado tanto para niños como para mayores. Por un momento, he creído estar viendo la conocida serie de dibujos animados "Érase una vez la vida". Y el delicado tema del melanoma está tratado sin dramatismos. Desborda originalidad.

    Un abrazo.

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    1. Gracias por tu valoración y por el esfuerzo de leerlo. Decidí a publicarlo a pesar de su extensión precisamente por su dinamismo. Creo que este cuento es un buen candidato para la publicación en papel o para un cortometraje de dibujos animados; es importante educar y reeducar en salud.

      Un abrazo.

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