Poema del Amor Hermoso







Este es el conjuro que vertí, a medio gemir, en su oído mudo, con la esperanza de que ella volviera a la vida.
Siempre creí que la magia debía consignarse en libros de pergamino y tapas de encina, para que la brujería no se desbocara en un rebuzno; domesticar semejante decretazo en un papel tan basto como el de estraza significaba que, o bien tenía un origen sobrehumano, o  era heredero de una mentira cochina.
Como sea que ella abrió los ojos, deduje que se trataba de un hechizo fetén. Salí al pasillo para anunciar el milagro y acudieron dos enfermeros —‘el Requinto’ y ‘el Cabezabuque’—, me levantaron en volandas y, desde el aire escorado, vi el mundo galopar bajo mis pies. Al principio imaginé que tenían prisa por llevarme ante el comité de sabios, luego comprendí que estaban tomando impulso para acertar el tiro: atravesé limpiamente el vano de aquella puerta para aterrizar en una mullida habitación blanca. En cuanto el facultativo apareció, le conté lo sucedido, él se ajustó las antiparras y leyó el conjuro: «esta letra es de mi nieta» —atestiguó mi buen doctor—. Descubrir que la nieta del doctor Saturnino era una semidiosa me dejó noqueado…, eso, y la inyección que el enfermero-mula me administró vía estocada.
Días más tarde me aseguraron que ni mi «ella» era real, ni existía la magia —cosa que tuve que contradecir con hechos:  la noche de Difuntos, ella apareció en mi ventana, convirtió los barrotes en compota de ciruela y evacué el recinto ipso facto.
Sin más sobresaltos que lamentar, ella y yo vivimos amancebados sobre la Nebulosa de la República Selenita, un ático diáfano con vistas al Mar Seco.
«Perspectiva: Utilízala u olvídala»
Ilusiones de Richard David Bach (1936-), biógrafo de la gaviota más molona de todos los tiempos: Juan Salvador Gaviota.

Comentarios

  1. En este cuento, a caballo entre "Alicia en el país de las maravillas" y las historietas del genial Ibáñez, abordas uno de los temas universales de la literatura: ¿qué es más real: lo soñado o lo vivido?

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Muchas veces, ese dilema se deshace entre los dedos, ya que soñamos primero lo que más tarde, logramos vivir.

      La verdad es que me dio un extraño subidón de felicidad cuando lo escribía, y sólo las rimas me dieron trabajo -como siempre-. Este pobre y maravilloso loco es más feliz que cualquier presunto cuerdo, o medio loco.

      Un abrazo.

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