miércoles, 1 de julio de 2015

El paseo lunar de Peka



Refrescante secuencia de fotos de J.J.P


Como largo es el verano, os dejo este cuento que trata de un asunto tan serio que sólo podía contarse de una forma: entre risas y bromas.
(Antes de empezar, haceos con un marcador de páginas adhesivo; si lo pegáis en la pantalla antes de cerrar la página, podréis retomar la lectura cuando volváis a Verifábulas).

 

EL PASEO LUNAR DE PEKA


Una vez existió un nevus llamado Peka, del color de los nísperos y no más grande que una semilla de perejil. Vivía sobre la nariz de Timoteo, un muchachote de dieciséis años que pasaba más tiempo en la montaña que en la granja.
Al nacimiento de Peka la siguieron sus hermanas Taca, Chusca y Chic.
A Peka le encantaba su casa por la espectacular vista panorámica de todos es sabido que una nariz pegada a una cabeza giratoria es la atalaya perfecta; de ahí, el dicho popular:
«Meter las narices en todas partes»
Una mañana, Peka despertó sintiéndose un poco rara. No estaba enferma, de eso estaba segura porque Timoteo la embadurnaba a diario con un superprotector solar. Sin embargo, sentía tal picazón que no pudo reprimir un bailoteo sobre la nariz.
¿Se puede saber qué te pasa? bostezó Taca.
Tal vez necesite ir al baño se desperezó Chusca. Los pellejos bailan así cuando necesitan desaguar.
Chusca, eres una peca de lo más vulgar protestó Chic.
Merci beaucoup canturreó la pícara peca. Al contrario que tú, yo me codeo con la col y grasa de la plebe más real.
¡Basta ya, inmaduras! les reprendió Taca ¡Nuestra hermana mayor nos necesita!
Y era cierto. Mientras las más jóvenes discutían, Peka había comenzado a ensombrecerse.
Creo que tengo ganas de llorar.
¡LLORAARR! exclamaron atónitas las menores.
Querida mía, las pecas no podemos llorar suspiró Chic.
A lo más que llegamos —aseveró Taca— es a rezumar sudor…
Salvo cierta peca interrumpió Chusca, que por no ensuciarse cierra sus poros con tanta fuerza que parece a punto de implosionar parodió.
Chic la fulminó con la mirada y se dispuso a tañer una réplica sonora.
¡Ya está bien, Chusca! la regañó Taca.
¡Mirad! exclamó Chic de repente.
Taca y Chusca miraron en la dirección que señalaba la más pequeña. Al parecer, la pobre Peka ya había recuperado su color y forma habituales.
Ya sé lo que me sucede, hermanas.
Chusca se dispuso a tomarle la delantera a Peka con una de sus “ingeniosas” hipótesis, sin embargo, Taca y Chic fueron más rápidas y la amordazaron.
¿Recordáis que ayer estuvimos observando las estrellas desde Castillo Viejo?
Las tres hermanas asintieron sin dejar de contener a Chusca.
Pues bien. Mientras pensaba en lo mucho que las pecas nos parecemos a ellas, algo insólito ocurrió: uno de esos astros se descolgó de su percha y cruzó el firmamento para sumergirse en el horizonte.
¡Ooohh!
Eso pensé continuó Peka. ¿Es posible que esa estrella decidiera mudarse a otro lugar? Y si es así, ¿cómo consiguió moverse? Me dormí dándole vueltas al misterio de la estrella nómada…
¡Zapateta! estalló Taca que ya había calado a su hermana. ¡Es una locura! ¡Ni tú eres una estrella ni Timoteo es el Espacio Sideral!
Todo lo más, un croquis… se mofó Chusca.
Chic le taponó la boca a Chusca y luego se dirigió a Peka:
Cariño, comprendo tus ansias de libertad, es muy natural; yo misma desearía poder vivir en la naricilla respingona de esa glamurosa actriz de las películas que…
¡JA! disparó Chusca ¿Cuánto crees que durarías en ese preciado pellejo? ¡Yo te lo diré: justo el tiempo que tarda un cirujano en desintegrarte con su láser!
¡SHUUSLOB! ¡POB!
Remató Chusca escenificando el «pecacidio».
¡Eres una grosera, desagradable y envidiosa peca!
¡Suficiente! les ordenó Taca.
La juiciosa Taca ignoró el bisbiseo irritado de Chusca y Chic y le preguntó a Peka cómo podían ayudarla.
Veamos… Se me está ocurriendo que, como somos el resultado de una acumulación de pigmento causada por las células Melanocitos, lo único que debemos hacer es preguntarles a éstas cómo movernos sobre la Epidermis.
Taca debió reconocer que, aunque la idea seguía siendo descabellada, el razonamiento de su hermana no carecía de lógica.
¡Pues hecho! sentenció la entusiasta Chic. Vosotras partid sin demora que Chusca y yo cubriremos vuestra ausencia luciendo todo nuestro encanto y…
—¡Claro! —interrumpió la peca gamberra—. No queremos que nuestro Timi se alarme cuando al repasar su colección de pecas descubra que le faltan dos.
Tu sigue por ese camino, Chusca, y verás cómo te hago resplandecer en escarlata amenazó Chic.
¡Guay! exclamó Chusca. Mientras nuestras hermanas se sumergen en la burocracia celular, tú y yo intentaremos mejorar la cara del muchacho.
Peka y Taca dejaron a sus hermanas algo recelosas por lo que pudieran encontrar a su vuelta. Inspiraron hondo y se escurrieron hacia las capas internas de la piel.
¡Buenos días, señoritas! saludó un ser gelatinoso, tocado con una boina ladeada y cubierto por un babi pintarrajeado—. ¿Qué hacen ustedes aquí? —las interpeló. Si desean poner una reclamación a sus autoras, deberán dirigirse al Departamento Epidérmico de Pigmentación Facial, primera planta.
Buenos días, señora. No queremos reclamar nada ¿Sería tan amable de indicarnos la forma de desplazarnos por la piel?
¡¿Ha dicho deslizarse por la piel?! ¡Es que se han creído que esto es una estación de esquí! bufó la Melanocito. ¡Vuelvan a sus puestos y compórtense con la dignidad que le corresponde a una obra de arte!
¡DIG-NI-DAD! silabeó— ¡HE DICHO!
Y efectivamente, dicho y redicho. La redicha célula  les dio la espalda y continuó pigmentando un lunar.
Menudo chasco se lamentó Taca.
—¡Pues yo no me rindo!afirmó Peka.
Chisshhh… ¡Eh, vosotras!
Tras la frontera entre la Epidermis y la Dermis, un folículo capilar les chistaba.
He oído lo que decíais y creo que puedo ayudaros. Es muy aburrido estar aquí anclado todo el día sin otra cosa que hacer que construir y apuntalar pelos. Durante mi formación…
Disculpe. ¿Ha dicho que puede ayudarnos?
—¡Ah! ¡Oh! ¡Sí! Por supuesto. Como nunca me muevo de aquí, esas petulantes células pigmentadoras ignoran mi presencia y hablan, hablan, hablan…
¿Y de qué hablan? se impacientó Taca.
El folículo capilar se infló de importancia y les refirió un comentario que escuchó días atrás:  «Fue todo un éxito el traslado de ese delincuente lunar… las nalgas es el sitio que merece ocupar…»
¡¿Las qué…?!preguntaron a coro.
Ya sabéis, el trasero, ¿el pompis?, el pandero, las posaderas, la retaguardia, el airbag de popa...
La expresión bobalicona de las pecas  acabó por desquiciar al pacífico folículo capilar.
¡EL CULO! ¡LO DESTERRARON AL CULO DEL MUNDO!
¡Aaahhh… Uajjjj…!
Sí, eso mismo convino el folículo retomando la compostura.
¿Y cómo lo trasladaron?insistió Peka.
Al parecer disponen de una red de transporte en la Hipodermis, la capa más profunda de la piel.
¿Cómo cree que podría llegar hasta allí?
Opino se reinfló el folículoque la mejor opción es seguir el recorrido de los vasos sanguíneos que riegan la piel.
Gracias…eh…
Fo. Q. Llamadme Fo. Q.
Gracias señor Fo. Q., nos ha ayudado mucho.
—¡Chao, señoritas! Volved siempre que queráis; soy un inagotable poso de in-formación… Je, je, je.
Las hermanas dejaron al folículo riendo su propio chiste para dirigirse a la primera tubería de sangre.
De acuerdo, Taca, ahora será mejor que continúe yo sola. No quiero que corras ningún peligro.
Soy tu hermana, la más…
—…Prudente, Taca, y debes volver a la Epidermis para asegurarte de que Chusca y Chic no inician la Primera Guerra Nasal.
Las dos hermanas se despidieron con un abrazo.
Peka se agarró a la tubería e inició el descenso. Una vez alcanzó la Hipodermis se vio sumergida en un espacio grasoso sobre el que flotaba un tren. Subió decidida al último vagón y se ocultó; al poco tiempo, el tren enfiló por aquel peculiar medio adiposo. Peka se apeó en la segunda parada y corrió hacia una cinta móvil que la condujo a la Epidermis. Una vez arriba respiró hondo… y casi se atraganta.
¡¿Quién eres tú?! ¡Habla, yo te lo ordeno!tronó un manchurrón encarnado.
¿Y usted quién es?contestó Peka.
Conque pretende desafiarme, ¿eh, desvergonzada?
Yo no pretendo nada, pero me parece de muy mala educación que se haya dirigido a mí de forma tan irrespetuosa.
¿Es que no sabe usted quién soy yo, tiznajo?
No. Y lo cierto es que no me interesa conocerledijo Peka sin alterarse.
Resulta que soy Don Antojo del Padrón.
Ante la impasibilidad de Peka, Don Antojo del Padrón se removió en su sitio y comenzó a detallar su origen sin hacer caso del mohín de Peka.
Como mi primer nombre indica, procedo de la lamentable insatisfacción de un antojo que la señora Madre de don Timoteo sufrió durante su gestaciónpregonó; mi apellido, del Padrón, evidencia junto con mi visible forma y coloración rojo fuego, que el deseo insatisfecho de la Señora consistía en degustar unos picantes pimientos del padrón. ¿Lo ves?dijo hinchándose para marcar su contorno.
Claramente concedió Peka fastidiada ¿Y dónde se supone que estamos?
¡En el hombro derecho! contestó ofendido el antojo.
Ya veo. O mejor dicho, no veo.
¡Pardiez! Por supuesto que no ve. No pretenderá que el señor Timoteo vaya desmangado como si fuera un pordiosero.
El “señor Timoteo”dijo Peka ya cabreadasuele caminar por la montaña sin camisa, como usted bien sabe. Y deje que le recuerde que TODAS hemos salido de la misma brocha pringosa. Buenos días tenga usted Don Pompón.
¡PADRÓN…, DON ANTOJO DEL PADRÓN! le oyó gritar Peka desde el tren en marcha.
En la siguiente estación —la Epidermis— encontró un paraje fantasmagórico.
¿Y ahora dónde estoy? se preguntó.
En el sobaco.
De entre la espesura había brotado una voz.
Aquí, al noroeste repitió «la voz».
Efectivamente; a unos centímetros de Peka había un lunar redondo como la luna y marrón como el chocolate espeso.
(Dejad que os ponga en antecedentes: Lunarejo, una perfecta mancha circular del color del chocolate, nació una noche de luna llena en el inhóspito sobaco. Ya imaginaréis las penosas consecuencias de tal destino: calor y humedad constantes; aire enrarecido cuando no rancio; vellosidad asfixiante).
Bienvenida a mi hogar —saludó Lunarejo—. Lamento que te hayan asignado este sitio. Todavía me pregunto a qué lúcida neurona se le ocurrió ubicar un nevu en este apestoso rincón.
Peka estaba atónita.
Tú no eres un lunar, ¿verdad? —certificó Lunarejo.
No. Soy una peca. Mi nombre es Peka.
Qué original… Entonces, si no me equivoco, tú y yo somos primos. razonó Lunarejo.
Sí, eso creo.
—¡Uf! Me alegro de conocerte. Soy el único de por aquí, a excepción de Don Antojo del Padrón, cuya vanidad está a la altura de la ridiculez de sus peroratas.
A Peka le pareció que aquel lunar se sentía muy desventurado.
¿Quieres acompañarme en mi viaje? — le preguntó de sopetón.
¿A… A… Viajar? ¡Pues claro que quiero! ¡¿DÓNDE ESTÁ EL TRAMPOLÍN DE EMERGENCIA?!gritó emocionado.
Sin dejar de sonreír, estos dos felices nevus embarcaron en el Tren Subpellejo. Durante días recorrieron toda la Epidermis: saludaron a jóvenes y viejos lunares, visitaron las asombrosas despigmentaciones de los pies, charlaron con algunos granos de pus y tuvieron que salir pitando ante la inminente erupción de un eccema.
Una tarde, Lunarejo propuso echar un vistazo al culo del mundo.
No estoy muy segura. Hace poco que llevaron allí a un peligroso convictovaciló Peka.
¡VALOR, señora Peka! ¡VA-LOR! silabeó Lunarejo con gravedad.
Peka no pudo evitar el recuerdo de la célula pigmentadora y se tronchó de la risa.
¡A la aventura!
Horas después llegaron a la Estación del Culo —o más concretamente, el «Subculo»; eligieron una de las escaleras y ascendieron hasta la Epidermis, donde un vasto desierto pálido recibió a los nevus.
—¿¡Hola!? voceó Lunarejo ¿Hay alguien ahí?
Schhh. ¿Estás loco? ¿No te he dicho que aquí desterraron a un criminal?
Conociendo a esas pigmentadoras, lo más probable es que su único delito fuera el de emborronarse.
¿Quién anda ahí? trompeteó una voz.
Viene del sur tembló Peka.
¡Somos dos nevus viajeros! contestó Lunarejo.
¡Acercaos! ¡Quiero veros!tronó el desconocido.
A pesar de las reticencias de Peka, juntos descendieron de nuevo a la Hipodermis y subieron a una plataforma que los levitó hasta el cuadrante sureste.
¡Sed bienvenidos, audaces navegantes! ¡Mi bajel es vuestro navío!
¡JA, JA, JA!
El escandaloso tipejo era un lunar plano, de contorno irregular, en cuya coloración se mezclaban las sombras negras con el marrón café.
Esto me da mala espina, Lunarejo.
También a míadmitió. ¿Cómo se llama usted? le preguntó al desterrado.
Melanoma. Hace unos días que me trajeron aquí esas pintamonas.
¿Por…  por qué, señor Melanoma?
Creo que no les gusto mucho.
¿A quiénes? inquirió Lunarejo.
A los de la Central de Inteligencia Dérmica. Afirman que soy muy agresivo.
¿En qué se basan para acusarle? quiso saber Peka.
¡En que pretendo devorar toda la piel y los órganos vitales de este ridículo pellejo! rugió Melanoma.
¡Es horrible! se alarmaron los nevus.
¡No! ¡Es la ley del más fuerte! ¡Nadie podrá pararme! ¡Pienso grabar mi destino en el ADN de Timoteo!
¡Debemos alertar al mundo! chilló Lunarejo.
¡No permitiremos que hagas daño a Timoteo! le desafió Peka.
¡Estúpidos! ¿Creéis que ese pellejo me encontrará aquí? Si ni siquiera sabe que tiene lunares en la espalda…espetó ¿A cuántos pellejos conocéis que cuiden de la salud de todos sus nevus?
Por desgracia Melanoma no se equivocaba. Los pellejos —perdón— los seres humanos sólo se fijan en la piel cuando les pica, les duele, les escuece, o cuando su aspecto no coincide con las normas y gustos estéticos de la época en la que viven: pieles blanqueadas y lunares postizos, en la Edad Moderna; o bien, pieles carbonizadas y la desintegración de toda mancha cutánea, en la Contemporánea.
Peka y Lunarejo no se iban a dar por vencidos. ¿Te rendirías tú?
Pusieron rumbo a la Epidermis Facial en busca de refuerzos. Cuando Taca, Chusca y Chic los vieron aparecer se alegraron tanto que comenzaron a lanzarles preguntas sin orden ni concierto.
¡Silencio!les exigió Peka—. Os presento a nuestro primo, Lunarejo; debemos anunciaros algo muy importante.
¿Para cuándo es el bodorrio? se burló Chusca.
¡Cierra tu peludo cráter! le espetó Chic.
Peka y Lunarejo les contaron el terrible peligro que habían descubierto en el culo del mundo.
Debemos encontrar la manera de alertar a Timoteo para que vea sin tardanza a la doctora Laennec concluyó Lunarejo.
Ostras, P.K, ¡tú sí que sabes montártelo! Personalmente, y ya que nadabas por los «bajos fondos», hubiera preferido que me trajeras una maqueta a escala de ese enorme pelo albino que crece entre «los cachetes» del mozo.
¡Déjate de frivolidades, Chusca, nuestro pellejín corre un grave peligro! gimoteó Chic.
Cálmate hermana. Encontraremos la soluciónaseveró Taca.
Peka miró a Lunarejo con una mezcla de orgullo y preocupación.
No quiero ser aguafiestas, primas, pero tengo la impresión de que no habéis comprendido la dificultad ante la que nos enfrentamos dijo pacientemente.
Y de golpe…
«¡¿CÓMO VAMOS A ALERTAR A TIMOTEO DE LOS PERVERSOS PLANES DE MELANOMA?!»
Tranqui' primo dijo Chusca masticando una mota de polvo ¡Pero si está chupao' !
Todos los nevus presentes y alguna espinilla cotilla miraron boquiabiertos a la díscola peca.
Lo único que hay que hacer es señalarle al pellejo dónde está Melanoma.
¡¿Y cómo piensas hacerlo?!se impacientó Lunarejo.
Dibujando una flecha, ¿cómo si no? contestó Chusca como si fuese de lo más elemental.
¡Ya lo entiendo!saltó Peka—. Podemos trazar una enorme flecha que señale a Timoteo adonde mirar…
Querida, a mí se me da fatal el dibujo técnico y dudo que las Melanocitos nos ayuden objetó Chic.
En eso tiene razón, ya viste como esas pigmentadoras se deshicieron del problema refunfuñó Taca.
Pues no les diremos nada terció Lunarejo. Conozco a un montón de nevus que nos echarán una mano. ¡Ese Melanoma es una vergüenza para nuestra especie! Añadió indignado. ¡Tendrá que arrepentirse o sufrir las consecuencias de su maldad!
¡Manos a la obra! les exhortó Peka. Trazaremos un plano de la localización de todas las manchas cutáneas y enviaremos mensajes indicándoles dónde, cómo y cuándo recolocarse para formar la flecha.
Viajaron durante días de un extremo a otro de Timoteo. Incluso el arrogante Don Antojo del Padrón se prestó a colaborar. La noche del 1 de agosto cada nevus, mancha y tiznajo se colocó en el lugar convenido, a pesar de las enérgicas protestas de las células pintamonas —perdón— las células Melanocitos.
A la mañana siguiente, cuando Timoteo se vio reflejado en el espejo casi se cae del susto. Su vieja y conocida marca de nacimiento estaba en mitad del pecho cambiando del bermellón al carmesí. ¡Y no sólo eso!: una hilera de lunares y pecas le subía hasta el hombro y… ¡sorpresa!, continuaban por la espalda como una sucesión de flechas intermitentes. Timoteo siguió en el espejo aquella extraordinaria señal hasta llegar a un lunar de apariencia inquietante que se hallaba rodeado por un círculo de pecas bailonas.
Aterrado se vistió a toda prisa y fue a la consulta de la doctora Laennec; ésta se quedó sin habla ante semejante fenómeno y lo envió de urgencia al hospital. Una vez allí, un equipo de cirujanos extirpó de Timoteo a Melanoma, el lunar cancerígeno; lo que nadie logró explicar fue aquella paranormal maniobra de los nevus. Para cuando a Timoteo le dieron de alta en el hospital, cada mancha había retornado a su lugar de origen.
¿Todos?
No... ¡Todos, no!
Lunarejo se trasladó al hombro derecho, antiguo emplazamiento del antojo, y Don Antojo del Padrón decidió seguir coronando el Plexo Solar ya que, según su opinión:
«El centro del Mundo es el lugar que me corresponde ocupar dado mi gracioso y rancio abolengo».
Alicante, 10 de septiembre de 2009.