martes, 13 de diciembre de 2016

Cuento antinavideño o historia de un antihéroe




Mi declive comienza aquí, en la playa del Postiguet, con un cucurucho de pistacho en la mano y un irrefrenable deseo de seguir a esa encantadora sirena hasta la orilla del mar.

La playa anda de bote en bote, lo que resulta extraño para estas fechas. La gente se broncea indolente bajo los treinta y tres grados centígrados que asolan la ciudad, ajena a los adornos navideños, las viandas invernales, la ropa de abrigo.

Personalmente lo estoy sufriendo con resignación, ya que la forma curvilínea de mis perfiles no se aviene a los cánones exigidos para el deleite de las y los bañistas.

Antes de empezar mi investigación sobre la causa del descenso del consumo en el tercer trimestre del año, he descartado el anecdótico calentamiento global, ya que es un hecho que “el buen tiempo” despierta la voracidad consumista. Asimismo, y apoyándome en los discursos gubernamentales sobre enriquecimiento del país, también he prescindido de la cacareada pobreza.

La semana previa a las vacaciones de Navidad anduve por las escuelas repartiendo las cartas comerciales en las que, tradicionalmente, los niños y niñas reclaman el cumplimiento inmediato de sus deseos a los Reyes Magos, para mi sorpresa, ninguno de estos cabezones insufribles sabía quiénes eran los tres mágicos dictadores, aunque sí supieron emular a Messi a costa de mis canillas; luego me disfracé de Santa Claus y, cencerro en mano, constaté que la gente era tan acerba con sus semejantes como cualquier otro día; aún de esta guisa, entré en la biblioteca más próxima con la intención de descartar, o corroborar, un presentimiento: como temía, La historia más grande jamás contada ya no era tan grande. Antes de que me echaran por exhibicionista, buceé en la Xarxa Electrònica de Lectura Pública Valenciana, pero sólo obtuve este terco resultado: “Nuevo Testamento... Eliminar esta condición de la búsqueda /Buscar términos parecidos en el índice...”. Para rematarlo, la red de redes me confirmó el desastre antropológico: la natividad de Jesús de Nazaret presunto hijo de un dios solitario y una virgen, también presunta— jamás había existido, por tanto, la Navidad no formaba parte del imaginario popular.

Confrontadas mis pesquisas, inicié el proceso de formular hipótesis; arduos y sesudos esfuerzos patrocinados por decenas de chupitos de orujo me llevaron a la única explicación posible: alguien o algo había liquidado, de forma intencionada, el cristianismo.

http://www.alicante.es/es/patrimonio-cultural/castillo-santa-barbara
Seguí, pues, mi Hilo de Ariadna hasta desembocar en las arenas del Postiguet; el culpable había dejado un rastro de palabras inconexas con un vibrato tintineante que se reflejaba en el sílice y ascendía por la ladera del monte Benacantil; escalé por la Cara del Moro hasta la torre vigía donde hallé a la malhechora: una urraca gordinflona y parlanchina que se había dedicado a realizar expediciones espacio-temporales con el propósito de devorar todas y cada una de las versiones escritas del Nuevo Testamento; mas, como las semillas, las palabras son indigeribles por mucho que seas la ofendida reencarnación de un monarca excomulgado—. Con gran diligencia recolecté palabra tras palabra, las metí en un saco de arpillera para que pudieran respirar y las envié por mensajería a la Asociación de Comerciantes Lucentum sita en la Avenida de Maisonnave acompañadas de un sobre lacrado con el sello «Foc al Ninot, investigacions paranormals, s.l.».

La festividad ha vuelto a los hogares de casas y bajopuentes. El gremio de mercaderes de Alicante que me contrató difundió un supuesto hallazgo bíblico y, por eso, hoy se celebra en todo el mundo la Navidad según el Innovador Testamento. En lo que a mí concierne, me he convertido al budismo y actualmente le sigo la pista al Yeti en el desierto de Gobi.



Para ver la luz, es necesaria la oscuridad





Verifábulas os desea un feliz y próspero 2017

lunes, 21 de noviembre de 2016

Princesa






Presa del servilismo, mancillada, a penas resistes el tacto de esas bocas lúbricas que apuran el néctar de tu seno hasta sólo dejar hiel entre las grietas de tu porcelana.
«Ya es hora de vestirse de crepúsculo, princesa, y da gracias si acabas la jornada sin que te haga añicos».

viernes, 28 de octubre de 2016

Mnemotécnica monstruosa



Que fuera un prisma cuadrangular con cajones por los cuatro costados, no era lo más curioso, lo realmente insólito eran esas dos patas llenas de pústulas variopintas que asomaban por debajo del mamotreto. Adorable.


Lo adquirí en un rastro; el mercader de la bata gris me propuso un trueque: el archivador a cambio de la promesa de seguir, a pies juntillas, el siguiente ceremonial:

Como artista bohemia que soy, me pareció un pago de lo más extravagante, por lo que acepté el trato con sumo placer.
Tras cumplir el ritual prescrito, me desperté el vigésimo noveno día con una brutal pesadez de cabeza y la nariz saturada de un tufo a queso rancio que me provocaba arcadas. Entonces, me dirigí al cuarto de baño —¡vete tú a saber por qué!— para escudriñarme las pupilas con un espejo de aumento y…

¡¡¡Allí estaba el dichoso armatoste brincando como un condenado sobre mi masa encefálica!!!
Después de arrearme algunos coscorrones contra la taza del váter y hacer uso del desatascador de ventosa en sendas orejas sin el menor éxito, respiré doce veces y media hasta serenarme: «Dado que tengo un archivador incrustado en la sesera —razoné— habrá que sacarle provecho»; así pues, imaginé que ordenaba alfabéticamente a mis monstruos de cuento; luego, abrí mentalmente los cuarenta cajones del archivador y esperé a que todos y cada uno de mis horripilantes personajes fueran succionados hasta su interior, desde Zurúyux hasta Ababipús; los meses que siguieron a la operación MAB* fueron tan plácidos y esclarecedores, que me fue concedida el alta definitiva en el hospital psiquiátrico.
*MAB: Memorable Acuartelamiento de Bestezuelas
...Lo que jamás he revelado a nadie es que, desde entonces, lo único que soy capaz de oler, noche y día, son los pezuños de mi adorable archipesadilla.

 

domingo, 9 de octubre de 2016

Claroscuro





Foto de Noelia P.A




Cuando los hombres ponen precio a su hombría, se convierten en esclavos de sí mismos, cuando las mujeres ponen ese mismo precio a su feminidad,
se convierten en esclavas del mundo.
«¡No soy mercancía!» le recriminó con la mirada.
Él apagó el iPad y paseó la mirada por el vagón hasta dar con ella; comenzó a observarla de forma insolente: evaluando su cuerpo, sopesando su carácter, obviando su inteligencia. No era extraño que ella acabara tensa, ni aceptable la autocomplacencia de él. Ambos bajaron en la última parada y compartieron el ascensor que les llevaría a la superficie ella mascando la indignación; él disfrutando la conquista.
Presentaciones:
Ella: una empresaria de éxito.
Él: ídem.
Ella: una mujer del siglo XXI.
Él: un galán.
Lo que ella pensaba de él: «Un tipo atractivo pagado de sí mismo».
Lo que él pensaba de ella: «Una dulce prenda...».
Prolegómenos:
Para Arturo no fue difícil encontrar el punto débil de Clarabel, sólo tuvo que advertir la lectura hipnótica del consabido best seller que sostenía en su regazo: una de esas novelas que juegan al dominio y la sumisión, salpimentada de un romanticismo afectado que atraviesa sin problema el frágil velo crítico de una mente alienada.


¡Invoquemos a Cervantes
para vencer a estos gigantes!



La copla*:
Arturo inicia el juego de seducción.
Clarabel se deja embaucar por los espejismos de su mente.
Arturo cobra su pieza.
Clarabel vive el ensueño.
Arturo zarandea la nube de Clarabel.
Clarabel queda aturdida.
Arturo impone sus reglas.
Clarabel las acata en nombre del amor cortés.
Arturo lleva a Clarabel de la mano por toda la ciudad.
El amor propio de Clarabel comienza a marchitarse.
Arturo está satisfecho.
Clarabel sufre una repentina picazón que la levanta de la silla en la que Arturo la había sentado.
Arturo aprieta el lazo: preñar a Clarabel, persuadirla para que venda su empresa de textiles y mudarse a la otra punta del país.
Clarabel obedece en nombre del amor maternal, y del miedo.
Fin de la copla:
Quince años después, Clarabel, viuda, se encontró perdida en un mundo que no había dejado de girar mientras ella asumía, con uñas y dientes, su papel de «la esposa ideal del perfecto emprendedor» ―tal y como la describió Arturo en un acto del gremio de editores.
Traspasado el luto, Clarabel volvió a ser objeto de otro caballero de gélida armadura; esta vez, sus hijos la rescataron de las garras del lisonjero y la ayudaron emprender el camino de vuelta a sí misma.
Punto... y principio.
Clarabel ha iniciado una nueva aventura en el mundo empresarial, y ahora que se ama como siempre debió amarse, ha decidido buscarse un cómplice.



Esclavas y esclavos de los deseos, los mercados, los mercaderes y su mercancía, las ideas, idearios e ideales. Tal vez no seamos tan libres como nos creemos; mejor será mantener la guardia alta y los ojos bien abiertos para no enredarnos con cadenas de humo.




 (* Etimología de copla: Del latín copula 'lazo, unión')


sábado, 1 de octubre de 2016

Disparates



Exaspera* al caracol
la lentitud del Sol.
*Exasperar al caracol: provocarle un enfado morrocotudo.



A la estatua embadurnan*
con crema antiarrugas.
*Embadurnar a la estatua: untarla con un pringue espeso y pegajoso, tal vez, incluso apestoso.



Las agujas del reloj enhebra*
para que el tiempo se detenga.
*Enhebrar las agujas del reloj: Pasar un hilo por el ojo de cada aguja para mantenerlas prisioneras.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

La rana y la piedra



Descarga gratuita en la iBooks Store

 







Vuelve la rana croando por su amor perdido.
En esta versión he incluido dos pizarras para que los jóvenes lectores puedan pintar con los dedos.


domingo, 4 de septiembre de 2016

Mª Electra



A mi compañera le han prohibido ver los documentales de La2.
Una tarde emitieron una narración aumentada de la vida de todos los bichiños que habitan nuestra piel. Ése que vive en los folículos de la cara, se aparea por la noche y muere de un reventón por carecer de ano ¡ave, orificio redentor!se convirtió en mi ácaro preferido, y así se lo comuniqué a Marinela en una cívica colación de té con pastas; fue un deleite ver cómo se le iba desencajando el rostro al enumerar los pormenores de la microvida del arácnido. Al día siguiente, Alfonsina dio la voz de alarma: a Marinela le había dado por hurgarse los poros con un imperdible y tenía el rostro en carne viva; la muy cursi no paraba de repetir que debía acabar con esas bestias fornicadoras que la volvían impura ante los ojos de Dios. Como era de prever, en la Residencia de Reposo Madame Butterfly se armó la marimorena: don Sancho, que tanto empeño puso en ocultar el drama, prendió la llama de la curiosidad juvenil ―de atizarla ya me encargué yo―, así que, pronto empezaron a llegar telegramas de padres y putativos irritados ―nunca de madres; todos saben que no tienen autoridad ni para preñarse―. Tras las hábiles maniobras de la dirección del centro, las aguas volvieron a su cauce, a fin de cuentas, «las responsables han sido cesadas y no conviene dar pábulo a las extravagancias de las chiquillas».
Dos meses y... algunos incidentes más tarde, papi en persona llegó al rescate en su flamante Rolls-Royce ―ya repintado―; liquidó la cuenta de mi estancia en la Madame Butterfly y nos largamos de aquel tugurio.
«Papaíto ―suspiré― sabes que nunca haría nada que te disgustase… Te quiero...» Silencio.
«¡Mírame, papá!» ―imploré.
Él permaneció impávido, ajeno a mi dolor, a mi ansia de que comprendiese por qué hice lo que hice: su anillo de boda..., los equívocos de la sirvienta eslava, el traspiés de Juanmi..., la autoinmolación de la mojigata de Marinela en la que nada tuve que ver. Padre mantuvo la vista sobre la carretera, como si el polvo que nos salpicaba fuera más importante que yo, su benjamina, ¡su caballito del diablo!; entonces sentí que de nuevo acudían a mí las Furias: ellas, que auparon al galgo favorito de padre hasta la horca; ellas, que forzaron el parto de madre hasta su expiración... ¡Sí! ¡Un volantazo y jamás nada ni nadie podrá interponerse entre mi papi y yo!
Por desgracia, no conté con la jodida sensiblería de la Muerte, empeñada siempre en reunir a los amantes esposos en La otra vida.

lunes, 22 de agosto de 2016

La entrevista de trabajo








Antes de acudir a la cita, traté de disipar el rastro de la ventosidad con un certero chorro de desodorante FAXEX providencialmente olvidado en el servicio de caballeros; a pesar del empeño, nada más pisar el despacho mi entrepierna se encontró adherida al hocico del perdiguero del jefe de RRHH.

Durante la celebración del bicentenario de la empresa, mi tío nos sorprendió con un homenaje a Pluto, nuestro inigualable cazatalentos.


viernes, 29 de julio de 2016

El estirón







El tránsito de cambiador de estampitas Pokemon a ejecutivo financiero fue una consecuencia natural; de hecho, su padrino esperaba con ilusión que colgara los pololos para ocupar una silla en la empresa familiar. Nadie contó con que su aptitud negociadora hubiera evolucionado hasta convertirlo en un maestro de la corbata colombiana. Hoy ocupa el sillón de Presidente Ejecutor y publica ensayos sobre ecoeconomía biosostenible; estoy convencida de que mi chico llegará muy lejos.


miércoles, 1 de junio de 2016

La becaria





Mi abuela, tras jubilarse como profesional de sus labores con más de setenta años al servicio de la comunidad, se matriculó sin miedo ni pereza en una Escuela de Adultos para «enseñarse informática». En calidad de alumna de traslado, dirigió al ministro de Educación una carta en la que solicitaba una beca que cubriera los gastos formativos, así como su estancia en la residencia toledana «Yayic@s 0.3».
Hoy, mientras preparo sus memorias, no puedo dejar de contemplar con orgullo el “Premio a la constancia” que le fue concedido por la siguiente ministra de Educación, y un «Reconocimiento cum laude por sus labores como administrativa y contable, chef de alta cocina, sanadora, cuentacuentos, decoradora, psicóloga, “chapuzas”, artesana, costurera...»
Soy el nieto de la Calista y así empieza su historia.




domingo, 15 de mayo de 2016

Gusiluz


Un regalo para Clara


Clara trepó al árbol persiguiendo una estrella fugaz; al entrar en la copa, se vio rodeada de un enjambre de luceritos que volaban alborotados de acá para allá.

miércoles, 4 de mayo de 2016

El gusano saltarín






Había una vez un gusano de naranjo conocido por todos como Don GuSaltarín. Este curioso nombre se debía a que, a pesar de no tener ancas, ni patas, ni muelles, el gusanito había desarrollado la habilidad de ejecutar los más arquetípicos brincos jamás imaginados en el Reino Animal.
Don GuSaltarín solía pensar, entre bote y rebote, que era un ejemplar ilustrado y no porque el famoso pintor Fernando Botero lo hubiese retratado en Naranja, un óleo sobre tela de 1977 sino porque él, un pequeño gusano, había desarrollado su pensamiento racional más allá del límite concebido para un invertebrado. Cada noche gozaba refugiándose en la naranja más jugosa de mi huerta y después de cenar, se aplicaba febrilmente a la tarea de diseñar, sobre la monda lironda, el próximo salto que lo catapultaría a las estrellas.
La vida de Don GuSaltarín fluía bajo una duermevela tachonada de euforia y zozobra; el último salto debía ser siempre el más perfecto. Sin embargo, la motivación de mi devorador de naranjas no se reducía a la mera práctica empírica. Don GuSaltarín tenía una debilidad, GusAnnette. Ella era una esplendorosa luciérnaga que gustaba lucir palmito sobre las ramas del sauce que crecía junto al estanque. Para desgracia de Don GuSaltarín, esta belleza luminiscente opinaba que cito textualmente «semejante gusarapo no es digno ni de abrillantarme los élitros y mejor haría en unirse a un circo de pulgas saltimbanquis». Tal desplante habría merecido una purga racional, pero el amor no se deja regir por el sentido común y Don GuSaltarín metamorfoseó el chasco en alegre admiración: «¡Qué carácter tiene GusAnnette! ¡Ella sí que es una gusana, y no esas blandengues zampa-frutas!».
La noche que festejaban el solsticio de verano, Don GuSaltarín propuso a los habitantes del jardín celebrar un torneo de piruetas aéreas: Día, la séptima noche de julio; lugar, el claro bajo el sauce llorón; premio, nombramiento como Piloto de la Orden del Círculo Alado. Llegado el momento, todos los insectos, peces, mamíferos y anfibios de mi jardín se reunieron en el escenario de la contienda.
GusAnnette, que vivía en la rama más alta del sauce, se mostró muy disgustada por semejante pandemónium. Era la época en que debía brillar con más atractivo que nunca para lograr cautivar al aspirante que contribuyera en su primer y último desove. Sin embargo, se sentía tan irritada que tan sólo era capaz de emitir una funesta luz intermitente que, de seguro, espantaría a los pretendientes. Por fin, decidió bajar al suelo para leerles la cartilla a esos destrozahogares. Don GuSaltarín, al ver descender a su tierno amor, se apresuró a recibirla con un jugoso pinchito de babosas. GusAnnette lo apartó de un empujón y lo acusó de intentar envenenarla: «¿Acaso no sabe todo el mundo que las luciérnagas adultas consumimos las reservas energéticas que almacenamos cuando somos larvas?». Al parecer Don GuSaltarín no lo sabía, y lo que es peor, también ignoraba el peligro al que estaba exponiendo a su gran amor; de entre los congregados al evento no sólo se hallaban conejillos, saltamontes, ranas y mirlos, también estaba presente un viejo murciélago que, tiempo ha, yo había contratado para mantener a raya a los insectos desalmados. Cuando el viejo Conde Murgo ecolocalizó a la orgullosa GusAnnette el ataque fue fulminante; en un abrir y cerrar de ojos la gusanita de luz desapareció entre las fauces de su enemigo natural.
La vida jamás detuvo ni detendrá su avance ante la felicidad o la desdicha de sus vasallos; el torneo acrobático se inauguró como si nada hubiera ocurrido. Suspendida entre los haces de luz eléctrica, Pop’Polilla mi confidente observó cómo nuestro gusano enamorado iba arrastrando su fatídica realidad lejos del estanque.
FIN
Epílogo: Don GuSaltarín no tardó mucho en superar la tragedia y en julio de 1980 constituyó la FRIA-c.


 
Moraleja: Para convertirte en un auténtico Ilustrado debes empezar por conocer el ecosistema del que formas parte.
Alicante, 26 de abril de 2011.
Impulsos. Relatos Urbanos. ECU, 2011.

lunes, 25 de abril de 2016

Alce







Alce posa soberano
en un bosque de alabastro.
Alce no oye al comprador
ni tampoco a su ojeador.
Alce se acomoda a la vista
del ávido coleccionista.
Alce cree en su inmortalidad
como si fuera real.
¡Oh!
Alce sufre con horror
los rayajos del crío menor.


miércoles, 13 de abril de 2016

Selectividad







Eran tantos los granos de arena que le rodeaban en el espacio, que el pobre, pobrecillo dios, decretó que sólo los que se colaran en sus babuchas serían elegidos; de ahí, que pronto se desatara una tormenta interestelar.


martes, 29 de marzo de 2016

Alzhéimer


  
Veía cómo te arrellanabas en el sillón para contabilizar con la frialdad de un napoleón las neuronas que día a día eran aniquiladas por nuestro enemigo, hasta que un día, perdiste tu imperio.



Tratar de recordar las palabras le resultaba más difícil que navegar entre sargazos. No ha tenido valor para vivir el hundimiento.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Éxito


 

  
Su obsesión por alcanzar la plenitud era tal que, 
en su afán por comerse el mundo, 
no sintió dolor al empezar a desgarrar su propia carne.