La entrevista de trabajo








Antes de acudir a la cita, traté de disipar el rastro de la ventosidad con un certero chorro de desodorante FAXEX providencialmente olvidado en el servicio de caballeros; a pesar del empeño, nada más pisar el despacho mi entrepierna se encontró adherida al hocico del perdiguero del jefe de RRHH.

Durante la celebración del bicentenario de la empresa, mi tío nos sorprendió con un homenaje a Pluto, nuestro inigualable cazatalentos.


Comentarios

  1. Respuestas
    1. Ya sabes, "si no puedes contra ellos, ríete de ellos". ¡Objetivo cumplido!

      Un abrazo, Juan Carlos.

      Eliminar
  2. Noto bastante sarcasmo hacia las entrevistas de trabajo. Es posible que fueran más humanas si las llevaran a cabo perros, aunque también hay directores que olisquean un buen escote. Prueba con ese método.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya sabes que me gusta jugar con la realidad, y dado que existen todo tipo de entrevistas de trabajo -desde la exprés hasta la histriónica, pasando por la tortura psicológica-, he querido elegir un tipo básico para ejercitar la parodia. En cuanto a escotes y minifaldas, ¡eso está trillado!, un relato así no funcionaría; claro que si invertimos los papeles..., quizás... ;-) Lo dejo a tu imaginación.

      Un abrazo.

      Eliminar
  3. Noto cierto perfume poco embriagador. ¡Cuidado con el saludo!
    Un fabuloso abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Quién no ha sufrido alguna vez un escape inoportuno, vergonzante? Ja, ja, ja. Lo cierto es que el argumento se desenredó a partir de esta lamentable realidad; simple, lo reconozco, pero tan eficaz como un buen desodorante.

      Otro abrazo para ti Rosa.

      Eliminar

Publicar un comentario