Mª Electra



A mi compañera le han prohibido ver los documentales de La2.
Una tarde emitieron una narración aumentada de la vida de todos los bichiños que habitan nuestra piel. Ése que vive en los folículos de la cara, se aparea por la noche y muere de un reventón por carecer de ano ¡ave, orificio redentor!se convirtió en mi ácaro preferido, y así se lo comuniqué a Marinela en una cívica colación de té con pastas; fue un deleite ver cómo se le iba desencajando el rostro al enumerar los pormenores de la microvida del arácnido. Al día siguiente, Alfonsina dio la voz de alarma: a Marinela le había dado por hurgarse los poros con un imperdible y tenía el rostro en carne viva; la muy cursi no paraba de repetir que debía acabar con esas bestias fornicadoras que la volvían impura ante los ojos de Dios. Como era de prever, en la Residencia de Reposo Madame Butterfly se armó la marimorena: don Sancho, que tanto empeño puso en ocultar el drama, prendió la llama de la curiosidad juvenil ―de atizarla ya me encargué yo―, así que, pronto empezaron a llegar telegramas de padres y putativos irritados ―nunca de madres; todos saben que no tienen autoridad ni para preñarse―. Tras las hábiles maniobras de la dirección del centro, las aguas volvieron a su cauce, a fin de cuentas, «las responsables han sido cesadas y no conviene dar pábulo a las extravagancias de las chiquillas».
Dos meses y... algunos incidentes más tarde, papi en persona llegó al rescate en su flamante Rolls-Royce ―ya repintado―; liquidó la cuenta de mi estancia en la Madame Butterfly y nos largamos de aquel tugurio.
«Papaíto ―suspiré― sabes que nunca haría nada que te disgustase… Te quiero...» Silencio.
«¡Mírame, papá!» ―imploré.
Él permaneció impávido, ajeno a mi dolor, a mi ansia de que comprendiese por qué hice lo que hice: su anillo de boda..., los equívocos de la sirvienta eslava, el traspiés de Juanmi..., la autoinmolación de la mojigata de Marinela en la que nada tuve que ver. Padre mantuvo la vista sobre la carretera, como si el polvo que nos salpicaba fuera más importante que yo, su benjamina, ¡su caballito del diablo!; entonces sentí que de nuevo acudían a mí las Furias: ellas, que auparon al galgo favorito de padre hasta la horca; ellas, que forzaron el parto de madre hasta su expiración... ¡Sí! ¡Un volantazo y jamás nada ni nadie podrá interponerse entre mi papi y yo!
Por desgracia, no conté con la jodida sensiblería de la Muerte, empeñada siempre en reunir a los amantes esposos en La otra vida.

Comentarios

  1. ¡Que hábil maniobra la de las bestias fornicadoras! Rodando están las lágrimas por mis mejillas, a ver si las limpian de una vez.
    Besos y abrazos.

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    1. Lo cierto es que esos arácnidos -cuyo nombre he olvidado- fueron el punto de partida para el cuento. Creo recordar que el documental pertenece a la BBC, y no tiene desperdicio.
      Para las lágrimas, preferible la acción del aire, Rosa, es más eficaz ;-)

      Un abrazote.

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  2. Vaya con María Electra!Me ha puesto los pelos de punta...esta es capaz de continuar con sus fechorías en el mismísimo infierno. Terrible!

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    1. Ja, ja, ja. Parece que me leíste el pensamiento, Charo; tenía intención de alargar el cuento hasta el mismísimo infierno, y lo habría hecho de no haber escuchado al aburrido sentido común.

      Es un honor haberte aterrorizado. Un abrazo.

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  3. María Electra me ha recordado a tantos críos necesitados de atención que pasan por mi academia. A poco que les hagas caso, te los ganas. De la historia, me encanta la parodia de los ácaros fornicadores, a caballo entre la paranoia y el surrealismo. El final quita el sentío (como diría un andaluz).

    Un abrazo.

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    1. He querido jugar con esa teoría cinematográfica en la que los niños nacen malvados: ¡escalofriante! Por suerte la realidad es, para variar, mucho menos horrible y, como dices, algunos niños y niñas sólo necesitan un poco de atención.

      Me alegro de que te guste. Un abrazo.

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  4. Que barbaridad, que sensación ésta de pasar de la risa al escalofrío en tres saltos de renglón!! Eres tremenda.
    Un besazo

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    1. El relato es un constante ejercicio de empatía, tanto con los personajes como con los lectores y lectoras; también es un intento por reflejar la esencia de la realidad: cambiante, paradójica... ilógica. Tal vez, dentro de unos años, lo relea y descubra errores, de momento estoy bastante satisfecha con el resultado y con las reacciones que suscita.

      Un abrazo, Rosa.

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  5. me gusta lo que me haces sentir cunado escribes
    un abrazo desde Miami

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    1. Es la magia de las palabras. Está al alcance de todo el mundo, sólo hay que dedicarles tiempo para que desvelen convenientemente las historias que viven en nosotros.

      Un abrazo viajero.

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  6. Esther, esto es lo maravilloso de escribir, que podemos llegar con la imaginación y los personajes hasta donde la realidad nunca llega ¿o sí?
    Siempre que vengo me sorprendes con tus textos. Enhorabuena.

    Un abrazo.

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    1. La realidad siempre parece superar a la ficción, sin embargo, la imaginación no conoce los límites de la realidad. Gracias por dejarte sorprender con estos cuentos y gracias por encontrar tiempo para seguir modelando copos de nieve (sigo creyendo que un día volaré hasta donde nacen, tal vez, un día).

      Un abrazote, Alicia.

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