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Mostrando entradas de octubre, 2016

Mnemotécnica monstruosa

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Que fuera un prisma cuadrangular con cajones por los cuatro costados, no era lo más curioso, lo realmente insólito eran esas dos patas llenas de pústulas variopintas que asomaban por debajo del mamotreto. Adorable.

Lo adquirí en un rastro; el mercader de la bata gris me propuso un trueque: el archivador a cambio de la promesa de seguir, a pies juntillas, el siguiente ceremonial:
Como artista bohemia que soy, me pareció un pago de lo más extravagante, por lo que acepté el trato con sumo placer. Tras cumplir el ritual prescrito, me desperté el vigésimo noveno día con una brutal pesadez de cabeza y la nariz saturada de un tufo a queso rancio que me provocaba arcadas. Entonces, me dirigí al cuarto de baño —¡vete tú a saber por qué!— para escudriñarme las pupilas con un espejo de aumento y…
¡¡¡Allí estaba el dichoso armatoste brincando como un condenado sobre mi masa encefálica!!! Después de arrearme algunos coscorrones contra la taza del váter y hacer uso del desatascador de ventosa en senda…

Claroscuro

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Cuando los hombres ponen precio a su hombría, se convierten en esclavos de sí mismos, cuando las mujeres ponen ese mismo precio a su feminidad, se convierten en esclavas del mundo. «¡No soy mercancía!»—le recriminó con la mirada. Él apagó el iPad y paseó la mirada por el vagón hasta dar con ella; comenzó a observarla de forma insolente: evaluando su cuerpo, sopesando su carácter, obviando su inteligencia. No era extraño que ella acabara tensa, ni aceptable la autocomplacencia de él. Ambos bajaron en la última parada y compartieron el ascensor que les llevaría a la superficie ―ella mascando la indignación; él disfrutando la conquista. Presentaciones: Ella: una empresaria de éxito. Él: ídem. Ella: una mujer del siglo XXI. Él: un galán. Lo que ella pensaba de él: «Un tipo atractivo pagado de sí mismo». Lo que él pensaba de ella: «Una dulce prenda...». Prolegómenos: Para Arturo no fue difícil encontrar el punto débil de Clarabel, sólo tuvo que advertir la lectura hipnótica del consabido best seller …

Disparates

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Exaspera* al caracol la lentitud del Sol. *Exasperar al caracol: provocarle un enfado morrocotudo.


A la estatuaembadurnan* con crema antiarrugas. *Embadurnar a la estatua: untarla con un pringue espeso y pegajoso, tal vez, incluso apestoso.


Las agujas del reloj enhebra* para que el tiempose detenga. *Enhebrar las agujas del reloj: Pasar un hilo por el ojo de cada aguja para mantenerlas prisioneras.