Claroscuro





Foto de Noelia P.A




Cuando los hombres ponen precio a su hombría, se convierten en esclavos de sí mismos, cuando las mujeres ponen ese mismo precio a su feminidad,
se convierten en esclavas del mundo.
«¡No soy mercancía!» le recriminó con la mirada.
Él apagó el iPad y paseó la mirada por el vagón hasta dar con ella; comenzó a observarla de forma insolente: evaluando su cuerpo, sopesando su carácter, obviando su inteligencia. No era extraño que ella acabara tensa, ni aceptable la autocomplacencia de él. Ambos bajaron en la última parada y compartieron el ascensor que les llevaría a la superficie ella mascando la indignación; él disfrutando la conquista.
Presentaciones:
Ella: una empresaria de éxito.
Él: ídem.
Ella: una mujer del siglo XXI.
Él: un galán.
Lo que ella pensaba de él: «Un tipo atractivo pagado de sí mismo».
Lo que él pensaba de ella: «Una dulce prenda...».
Prolegómenos:
Para Arturo no fue difícil encontrar el punto débil de Clarabel, sólo tuvo que advertir la lectura hipnótica del consabido best seller que sostenía en su regazo: una de esas novelas que juegan al dominio y la sumisión, salpimentada de un romanticismo afectado que atraviesa sin problema el frágil velo crítico de una mente alienada.


¡Invoquemos a Cervantes
para vencer a estos gigantes!



La copla*:
Arturo inicia el juego de seducción.
Clarabel se deja embaucar por los espejismos de su mente.
Arturo cobra su pieza.
Clarabel vive el ensueño.
Arturo zarandea la nube de Clarabel.
Clarabel queda aturdida.
Arturo impone sus reglas.
Clarabel las acata en nombre del amor cortés.
Arturo lleva a Clarabel de la mano por toda la ciudad.
El amor propio de Clarabel comienza a marchitarse.
Arturo está satisfecho.
Clarabel sufre una repentina picazón que la levanta de la silla en la que Arturo la había sentado.
Arturo aprieta el lazo: preñar a Clarabel, persuadirla para que venda su empresa de textiles y mudarse a la otra punta del país.
Clarabel obedece en nombre del amor maternal, y del miedo.
Fin de la copla:
Quince años después, Clarabel, viuda, se encontró perdida en un mundo que no había dejado de girar mientras ella asumía, con uñas y dientes, su papel de «la esposa ideal del perfecto emprendedor» ―tal y como la describió Arturo en un acto del gremio de editores.
Traspasado el luto, Clarabel volvió a ser objeto de otro caballero de gélida armadura; esta vez, sus hijos la rescataron de las garras del lisonjero y la ayudaron emprender el camino de vuelta a sí misma.
Punto... y principio.
Clarabel ha iniciado una nueva aventura en el mundo empresarial, y ahora que se ama como siempre debió amarse, ha decidido buscarse un cómplice.



Esclavas y esclavos de los deseos, los mercados, los mercaderes y su mercancía, las ideas, idearios e ideales. Tal vez no seamos tan libres como nos creemos; mejor será mantener la guardia alta y los ojos bien abiertos para no enredarnos con cadenas de humo.




 (* Etimología de copla: Del latín copula 'lazo, unión')


Comentarios

  1. Me fascina tu creatividad Esther, la forma tan original de contar una historia por otro lado tan conocida y tan normal, aunque afortunadamente cada vez se da menos, creo yo. He de reconocer que muchas veces me siento esclava, aunque lucho con todas mis fuerzas para mantener mi autonomía y mi libertad.
    Muy buena la puntualización de la etimología de "copla".
    Preciosa la foto.
    Un beso

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    1. Nunca es fácil contar historias sobre violencia de género, por eso quería probar un formato diferente. En este caso he querido romper uno de los mitos más extendidos: la violencia machista puede sufrirla cualquier mujer, independientemente de los factores socio-económicos que envuelvan su vida. Paradójicamente las mujeres situadas en un status social alto tienen más difícil romper sus cadenas.
      Saber quién eres y lo que quieres es un buen modo de no dejarse esclavizar por nada ni por nadie, Charo, así que, te animo a que jamás pierdas ese espíritu luchador que tan bien reflejas en tu trabajo como escritora.

      Un abrazo y gracias.

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  2. La complicidad es ingrediente fundamental en la amistad y el amor, pero para conseguirla primero hay que tener autonomía y quererse a uno mismo. Aunque no tanta autonomía como para vivir en una isla. En cuanto a tu creatividad, a mí no me fascina tanto porque he tenido que sufrirla en mis carnes literarias. En serio, no cambies nunca.

    Un abrazo.

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    1. Sé que tú eres una de esas personas que entiende lo que significa mantener una relación sana, también sé que hay muchos hombres y mujeres que piensan y actúan como tú; por desgracia no hay luz sin oscuridad, de ahí este relato. Siempre es divertido verte reaccionar ante mis ocurrencias, ya sabes que por qué escribo y me encanta que haya quien disfruta de esta locura bohemia que, ahora acepto, forma parte de quien soy.

      Un abrazo, amigo.

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  3. Esther, enhorabuena por cómo muestras una de las debilidades del mundo. La realidad es que por mucho que se luche, siempre habrá un lugar, por muy recóndito que sea, en el que cada vez que salga el sol sea inevitable que aparezcan las sombras. Es por ello que el objetivo empieza por la libertad de uno mismo y porque uno mismo no generar ningún tipo de ataduras en los seres de nuestro entorno.

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    1. Sólo alguien que tiene la vocación pedagógica grabada en su ADN podría expresarse como lo has hecho tú, Alicia. Como bien dices, el amor propio es el primer paso, el segundo es concienciarnos sobre un hecho incuestionable: mi libertad termina donde empieza la libertad de los demás.

      Un abrazo.

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  4. Echaba en falta tus "coplas", la cópula con tus letras, sorprendentes siempre en tu forma y fondo. Es difícil encontrar un enlace amistoso y me congratulo de haberte reencontrado.
    Besos y abrazos.

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    1. Me esfuerzo para que todas ellas enlacen con quienes las leen, si bien debo reconocer que el esfuerzo es grande y el resultado, no siempre perfecto. En cualquier caso, todo trabajo tiene su recompensa, y crear lazos amistosos es la mejor forma de combatir la oscuridad.

      Besos y abrazos, Rosa del Aire.

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