Mnemotécnica monstruosa



Que fuera un prisma cuadrangular con cajones por los cuatro costados, no era lo más curioso, lo realmente insólito eran esas dos patas llenas de pústulas variopintas que asomaban por debajo del mamotreto. Adorable.


Lo adquirí en un rastro; el mercader de la bata gris me propuso un trueque: el archivador a cambio de la promesa de seguir, a pies juntillas, el siguiente ceremonial:

Como artista bohemia que soy, me pareció un pago de lo más extravagante, por lo que acepté el trato con sumo placer.
Tras cumplir el ritual prescrito, me desperté el vigésimo noveno día con una brutal pesadez de cabeza y la nariz saturada de un tufo a queso rancio que me provocaba arcadas. Entonces, me dirigí al cuarto de baño —¡vete tú a saber por qué!— para escudriñarme las pupilas con un espejo de aumento y…

¡¡¡Allí estaba el dichoso armatoste brincando como un condenado sobre mi masa encefálica!!!
Después de arrearme algunos coscorrones contra la taza del váter y hacer uso del desatascador de ventosa en sendas orejas sin el menor éxito, respiré doce veces y media hasta serenarme: «Dado que tengo un archivador incrustado en la sesera —razoné— habrá que sacarle provecho»; así pues, imaginé que ordenaba alfabéticamente a mis monstruos de cuento; luego, abrí mentalmente los cuarenta cajones del archivador y esperé a que todos y cada uno de mis horripilantes personajes fueran succionados hasta su interior, desde Zurúyux hasta Ababipús; los meses que siguieron a la operación MAB* fueron tan plácidos y esclarecedores, que me fue concedida el alta definitiva en el hospital psiquiátrico.
*MAB: Memorable Acuartelamiento de Bestezuelas
...Lo que jamás he revelado a nadie es que, desde entonces, lo único que soy capaz de oler, noche y día, son los pezuños de mi adorable archipesadilla.

 

Comentarios

  1. El cerebro es un archivador, qué duda cabe, pero me encanta tu extravagante forma de contarlo. Nadie duda a estas alturas que estás como una cabra, de modo que iré al grano: a ver si el olor de pies proviene de no cambiarte los calcetines. Mi consejo: airea un poco las ideas o corres el peligro de convertirte en un éxito literario.

    Un abrazo.

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    1. Ja, ja, ja. Mira que eres chivato. Se supone que lo de mi apego por mis calcetines de topillos era una confidencia confidencial.

      En cuanto al éxito literario, tengo un relato preparado que, como poco, te hará reír. Para mí, éxito es que haya gente que disfrute y valore mi trabajo, lo demás es cuestión de suerte, talento y contactos: en la primera, no creo; de lo último, no tengo; y el de en medio es como un amante que aparece y se esfuma cuando le viene en gana.

      Un abrazo.

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