miércoles, 1 de junio de 2016

La becaria





Mi abuela, tras jubilarse como profesional de sus labores con más de setenta años al servicio de la comunidad, se matriculó sin miedo ni pereza en una Escuela de Adultos para «enseñarse informática». En calidad de alumna de traslado, dirigió al ministro de Educación una carta en la que solicitaba una beca que cubriera los gastos formativos, así como su estancia en la residencia toledana «Yayic@s 0.3».
Hoy, mientras preparo sus memorias, no puedo dejar de contemplar con orgullo el “Premio a la constancia” que le fue concedido por la siguiente ministra de Educación, y un «Reconocimiento cum laude por sus labores como administrativa y contable, chef de alta cocina, sanadora, cuentacuentos, decoradora, psicóloga, “chapuzas”, artesana, costurera...»
Soy el nieto de la Calista y así empieza su historia.