viernes, 28 de octubre de 2016

Mnemotécnica monstruosa



Que fuera un prisma cuadrangular con cajones por los cuatro costados, no era lo más curioso, lo realmente insólito eran esas dos patas llenas de pústulas variopintas que asomaban por debajo del mamotreto. Adorable.


Lo adquirí en un rastro; el mercader de la bata gris me propuso un trueque: el archivador a cambio de la promesa de seguir, a pies juntillas, el siguiente ceremonial:

Como artista bohemia que soy, me pareció un pago de lo más extravagante, por lo que acepté el trato con sumo placer.
Tras cumplir el ritual prescrito, me desperté el vigésimo noveno día con una brutal pesadez de cabeza y la nariz saturada de un tufo a queso rancio que me provocaba arcadas. Entonces, me dirigí al cuarto de baño —¡vete tú a saber por qué!— para escudriñarme las pupilas con un espejo de aumento y…

¡¡¡Allí estaba el dichoso armatoste brincando como un condenado sobre mi masa encefálica!!!
Después de arrearme algunos coscorrones contra la taza del váter y hacer uso del desatascador de ventosa en sendas orejas sin el menor éxito, respiré doce veces y media hasta serenarme: «Dado que tengo un archivador incrustado en la sesera —razoné— habrá que sacarle provecho»; así pues, imaginé que ordenaba alfabéticamente a mis monstruos de cuento; luego, abrí mentalmente los cuarenta cajones del archivador y esperé a que todos y cada uno de mis horripilantes personajes fueran succionados hasta su interior, desde Zurúyux hasta Ababipús; los meses que siguieron a la operación MAB* fueron tan plácidos y esclarecedores, que me fue concedida el alta definitiva en el hospital psiquiátrico.
*MAB: Memorable Acuartelamiento de Bestezuelas
...Lo que jamás he revelado a nadie es que, desde entonces, lo único que soy capaz de oler, noche y día, son los pezuños de mi adorable archipesadilla.

 

domingo, 9 de octubre de 2016

Claroscuro





Foto de Noelia P.A




Cuando los hombres ponen precio a su hombría, se convierten en esclavos de sí mismos, cuando las mujeres ponen ese mismo precio a su feminidad,
se convierten en esclavas del mundo.
«¡No soy mercancía!» le recriminó con la mirada.
Él apagó el iPad y paseó la mirada por el vagón hasta dar con ella; comenzó a observarla de forma insolente: evaluando su cuerpo, sopesando su carácter, obviando su inteligencia. No era extraño que ella acabara tensa, ni aceptable la autocomplacencia de él. Ambos bajaron en la última parada y compartieron el ascensor que les llevaría a la superficie ella mascando la indignación; él disfrutando la conquista.
Presentaciones:
Ella: una empresaria de éxito.
Él: ídem.
Ella: una mujer del siglo XXI.
Él: un galán.
Lo que ella pensaba de él: «Un tipo atractivo pagado de sí mismo».
Lo que él pensaba de ella: «Una dulce prenda...».
Prolegómenos:
Para Arturo no fue difícil encontrar el punto débil de Clarabel, sólo tuvo que advertir la lectura hipnótica del consabido best seller que sostenía en su regazo: una de esas novelas que juegan al dominio y la sumisión, salpimentada de un romanticismo afectado que atraviesa sin problema el frágil velo crítico de una mente alienada.


¡Invoquemos a Cervantes
para vencer a estos gigantes!



La copla*:
Arturo inicia el juego de seducción.
Clarabel se deja embaucar por los espejismos de su mente.
Arturo cobra su pieza.
Clarabel vive el ensueño.
Arturo zarandea la nube de Clarabel.
Clarabel queda aturdida.
Arturo impone sus reglas.
Clarabel las acata en nombre del amor cortés.
Arturo lleva a Clarabel de la mano por toda la ciudad.
El amor propio de Clarabel comienza a marchitarse.
Arturo está satisfecho.
Clarabel sufre una repentina picazón que la levanta de la silla en la que Arturo la había sentado.
Arturo aprieta el lazo: preñar a Clarabel, persuadirla para que venda su empresa de textiles y mudarse a la otra punta del país.
Clarabel obedece en nombre del amor maternal, y del miedo.
Fin de la copla:
Quince años después, Clarabel, viuda, se encontró perdida en un mundo que no había dejado de girar mientras ella asumía, con uñas y dientes, su papel de «la esposa ideal del perfecto emprendedor» ―tal y como la describió Arturo en un acto del gremio de editores.
Traspasado el luto, Clarabel volvió a ser objeto de otro caballero de gélida armadura; esta vez, sus hijos la rescataron de las garras del lisonjero y la ayudaron emprender el camino de vuelta a sí misma.
Punto... y principio.
Clarabel ha iniciado una nueva aventura en el mundo empresarial, y ahora que se ama como siempre debió amarse, ha decidido buscarse un cómplice.



Esclavas y esclavos de los deseos, los mercados, los mercaderes y su mercancía, las ideas, idearios e ideales. Tal vez no seamos tan libres como nos creemos; mejor será mantener la guardia alta y los ojos bien abiertos para no enredarnos con cadenas de humo.




 (* Etimología de copla: Del latín copula 'lazo, unión')


sábado, 1 de octubre de 2016

Disparates



Exaspera* al caracol
la lentitud del Sol.
*Exasperar al caracol: provocarle un enfado morrocotudo.



A la estatua embadurnan*
con crema antiarrugas.
*Embadurnar a la estatua: untarla con un pringue espeso y pegajoso, tal vez, incluso apestoso.



Las agujas del reloj enhebra*
para que el tiempo se detenga.
*Enhebrar las agujas del reloj: Pasar un hilo por el ojo de cada aguja para mantenerlas prisioneras.