La fruta prohibida





  






La primera vez que Adán se refirió a Eva como «mi adorada costillita», esta supo que debía huir como alma que lleva el diablo.










Comentarios

  1. Jajá, no me extraña. Es que menudo "apelativo cariñoso"...
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto. Algunos los carga el diablo. Ja, ja, ja.

      Un abrazo, Juan Carlos.

      Eliminar
  2. Respuestas
    1. Fíjate Aivic, lo mejor de esta microverifábula es que puede ser reversible:

      "La segunda vez que Adán escuchó la cantarina voz de Eva llamándolo 'mi sabroso costillar', éste supo que debía huir como alma que lleva el diablo".

      A fin de cuentas, al diablejo metomentodo de la fábula le importa un pito quién de los dos caiga primero. Yo me quedo con la primera versión, se ajusta más a la tradición ;D

      Gracias por pasarte por aquí.

      Eliminar
  3. Es evidente que, en la vida de pareja, sobre todo cuando son un par de pipiolos enamorados, se utilizan estos diminutos que, sacados fuera de contexto, merecerían la cárcel.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si tenemos en cuenta que estos dos pipiolos carecen de contexto social y sólo los une el miedo y los instintos básicos, es normal que se dispare el instinto de supervivencia cuando esos apelativos los reducen a meros pedazos de huesos.

      Un abrazo.

      Eliminar
  4. Yo también hubiera salido corriendo jjjjjaaaaaa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las relaciones humanas ya son lo bastante complicadas como para añadir apodos y etiquetas.

      Un abrazo, San.

      Eliminar

Publicar un comentario