sábado, 1 de abril de 2017

Promesas, promesas





«¡Estudia...! Vas a acabar limpiando escaleras»; ésta fue siempre la exhortación preferida de mi abuela.
Mientras fregona en ristre desalojo la mugre que prolifera entre huella y tabica, me congratulo por mi licenciatura y por que la admonición de la arpía no fuese «¡Estudia, niña, o acabarás de puta!».




8 comentarios:

  1. Muy divertido. Las premoniciones de los mayores son como el vuelo de una mosca durante la siesta. No producen sino hastío en quien las recibe. Y no siempre se cumplen: a mí me profetizaron que pronto me quedaría calvo. Hay alumnos de la academia que ya están calvorotas perdidos cuando los saludo por la calle. No lo pienses más. Puedes cambiar tu destino: rápate la cabeza, ponte una túnica y a tocar la pandereta.

    Un abrazo.

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    1. El humor es el azucarillo que nos permite tragar la píldora que nos dan a diario -Miss Poppins lo sabía de sobra-. Lo de raparme la cabeza no me mola, en invierno no es nada práctico, pero la túnica y la pandereta son cada vez más tentadoras. Y no te preocupes, los lobos nunca pierden el tupé.

      Una abrazo.

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  2. Humor amargo! Es triste que los augurios de la abuela se cumplieran aunque la muchacha hincara los codos para no tener que hacerlo...
    Muy bueno el dibujo aclaratorio del escalón...no tenía ni idea!
    Un beso

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    1. Para no variar, la realidad supera a la ficción. Cabría decir mucho más al respecto, aunque de nada serviría. Sobre el ser humano pesa una maldición cruel: la de soñar con un mundo utópico al tiempo que le acucia la necesidad primigenia de autodestruirse.

      Un abrazo.

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  3. Que triste realidad! aunque vista con humor es como si se dulcificar.
    Besos

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    1. Cualquier realidad humana o cualquier realidad vista a través del raciocinio humano, siempre es triste. Como bien apuntas, siempre nos queda el humor para asimilarla.

      Un abrazo, San.

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  4. ¡Hola Esther! tu microfábula, me ha traído a la memoria una frase que según mi madre, decía mi abuelo cada vez que nacía una hija y tuvo seis hijas y dos hijos. Los amigos del pueblo se reían de él: ¿Qué te pasa? ¿Es que no sabes hacer machos? A lo que él contestaba: "Más vale tener hembras, aunque alguna salga puta, que tener un hijo canónigo. Ellas cuidarán de mí y él sólo sabrá cantar maitines". Pues, eso..., la sabiduría de los viejos.
    Besos y abrazos, encantada de este punto de encuentro

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    1. Hola Rosa, te echaba de menos. Triste verdad la respuesta de tu abuelo, aunque sabia, sin duda. La coeducación continúa siendo una asignatura pendiente en el mundo entero, como muchas otras cosas (¡verás como nos toque repetir curso!)
      Ando algo justa de tiempo, pero espero con ganas tu próximo post en alguno de tus blogs.

      Un abrazo.

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